La Odisea de Elfenomeno

19 de Octubre de 2006, a las 12:16 - Entaguas
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La comunidad no estaba muy unida. Apenas sabían los unos de los otros, y muchos desconfiaban. Burzumgad el orco había sido tratado muy mal como mercenario en el bosque negro, y a la compañía no les agradaba su participación. Los elfos tampoco les agradó el trato que recibieron en el bosque negro por parte de la gente de Thranduil, y incluso estuvieron apunto de acabar en los calabozos por unos malentendidos. En cuanto a Dimas el enano, tampoco recibió mejor trato que Burzumgad como mercenario, y de Abârmil los elfos desconfiaban pues venía del norte y con una leyenda de deshonor detrás de él. En cuanto de Adan, a pesar de que ya se conocía el bosque como la palma de su mano y estaba acostumbrado a los elfos, estos tampoco les agradaba quizás debido a su amistad con los enanos. En fin, en la compañía faltaba amistad y confianza. Quizás la noche les dejara descansar y poco a poco, depositaran confianza en sus compañeros de la comunidad.
Ya estaban cansados todos y discutieron lo que les parecía más conveniente, y acordaron que al amanecer partirían hacia el lugar donde habían sido raptados y también, presentarse mas formalmente e intentar saber más de todos vuestros compañeros.
La guardia de noche se realizará en 3 turnos: Rúmil Är-Feinield con Adan Eädur el primer turno, el segundo turno Abârmil con Aikanáro Telrunya, y la tercera guardia la hace Dimasalang solo. Elder y Burzumgad descansarían.
La primera guardia transcurre sin problemas, aun así, Rúmil no se siente convencido y explora un poco los alrededores con su mirada, y no ve signo de perturbación. Adan al ver la intranquilidad de su compañero no duda también en inspeccionar un poco la zona. Rúmil seguía un tanto inquieto y su compañero Adan le dijo al venir de inspeccionar la zona:
- Hay demasiada tranquilidad para un bosque tan oscuro...
Finalmente el turno de guardia termina, y Rúmil se dirige hacia sus compañeros, antes de costarse diciendo:
-No durmáis mucho, pues quizás esta noche este movidita, noto algo extraño- Y acto seguido pego un gran bostezo y se acostó al igual que su compañero.
- Eso evitará que nos quedemos dormidos- Dijo Abârmil con una sonrisa a Aikanáro.
Abârmil estaba distraído de nuevo en sus preocupaciones cuando Aikanáro le dice:
- ¿Oyes esos extraños ruidos de cascos? Suenan bastante lejos, quizás deberíamos investigar.
Abârmil se aventura un poco lejos con Aikanáro para explorar el terreno y saber si había orcos en las proximidades. Pronto Abârmil halla unas huellas muy claras y dice con una exclamación:
- ¡Orcos junto a señales de lucha de montaraces! Al parecer llevaban a 2 arrastrados, seguramente atados.
-Además hay símbolos de una gran lucha, y sangre de orco y humana estaba en algunos árboles. ¡Mira una capa desgarrada de un montaraz!- Dice Aikanáro con asombro.
-Aquí fueron raptados, las huellas se dirigen hacia la salida del bosque negro- Dijo Abârmil, ya un poco cansado.
Los cansados Abârmil y Aikanáro hablaron por el camino y despertaron a vuestros relajados compañeros, avisándoles de los sucesos.
- Si hoy no sucede nada extraño mañana partiremos al alba y averiguaremos mas cosas, creo que ahora necesitaremos descansar- Dijo Elder, todavía bostezando, y todos estabais de acuerdo.
Finalmente, Abârmil y Aikanáro se acuestan y Dimas prosigue con la guardia solo. No tardo en verse perturbado y oye unas voces viejas y correosas, desgastadas y fanfarronas:
- ¡Callad viejas! ¡Acabad con ellos, como recompensas os lo podéis comer! ¡Tengo prisa, dejadme marchad!- Dice una voz grave y oscura, parece la de un orco.
- ¡A quién has llamado vieja!- Dice la voz fanfarrona y desgastada- ¡Parecías caerme bien, estúpido Uruk! ¿Quieres acabar en mi estómago?
Luego las demás voces no las distinguió bien, pero un clamor de más voces ancianas y un grito desgarrador se alejaron, pero el fino oído de Dimas lo oyó todo. Desenvaino la espada y vio como brillaba en la oscuridad, y pensó: ``hay orcos``. Pero entonces vio a Burzumgad, pero para aclararse se dirigió con su hacha hacia Burzumgad y le despertó, quien este al verle con el hacha dio un gran respingo.
-Tranquilo, solo quiero saber si hueles algo en el ambiente. No estoy muy seguro de que haya enemigos.
- Menudo susto... pensé que... huelo algo extraño...
A regañadientes se levantó y con su olfato dijo:
-Arañas... se están acercando... van acompañadas de un Uruk... son muchas, aunque no puedo saber el número debo de saber que son muy grandes ¡¡¡rápido despierta a todos, están muy cerca!!!
Todos se despertaron, ¡un ataque! Justo cuando el último miembro se acababa de preparar, unas 3 arañas cayeron del suelo, y a estas se les une otras 3, y luego otras 3, y unas 9 os rodean, pues habían venido demasiado deprisa, pero os habían dado el tiempo suficiente para que estuvieseis preparados. Con las 9 arañas de 1`50 aproximadamente, de un color negro se preparan para atacar, entonces Abârmil se incorporó rápidamente con el arco en la mano, sacó una flecha del carjal que estaba tendido al lado de sus mantas y apunté al enemigo más próximo, soltó la mano derecha y la saeta voló, tomo su vaina y sacó su larga espada, preparado para atacar y defenderme.
-¡Venid a mí, sucias criaturas!- Dijo desafiante ante las arañas.
-¡¿Qué es lo que ocurre?!... nos atacan- Dice Elder entre la confusión Luego trepa instantáneamente al árbol aprovechando su cobertura, desde su posición elevada saca su ballesta de doble tiro y apunta a los ojos de las arañas más cercanas a Abârmil.
-¡Debemos conseguir aturdir a las arañas, no os acerquéis mucho a ellas!- Dice Elder, antes de disparar sus virotes.
Con las arañas Burzumgad tiene algo especial, porque en Morgul, su ciudad de origen, vivía a la sombra de Ella-laraña.
Seguidamente Rúmil lanza una de sus dagas largas hacia una de las arañas que se acercaba a Aikanáro por la espalda.
-¡Cuidado Aikanáro! ¡Tras de ti!
La daga penetra justo en la frente de la araña, y entonces Rúmil coge sus armas rápidamente, mientras ve como el ágil orco trepa al árbol, pensando en dominarlas desde arriba, pero las arañas trepan más rápido que él. Luego de hundirle su cimitarra a una que estaba cerca de sus botines de metal: es que a sus espaldas hay otra, llena de veneno. Apenas tiene tiempo de girar y cortarle las patas delanteras. El insecto, no obstante, estira hacia mi sus garfios bocales, mas a duras penas logra terminar con él de un golpe tan fiero que él se sorprende, y fétido cuerpo se desprende y cae de la rama.
Mas abajo la lucha se arremolina, observa desde arriba. Pega un gran salto y aterriza en tierra. ``Ya verán todos de que pasta es este orco`` -Piensa cuando aterriza.
 Tras acabar con un par de arañas con su arco, Rúmil, mientras Burzumgad cae del árbol, coloca dos flechas en su arco y dispara hacia este último gritando:
-¡Burzumgad tras de ti!
Y las dos flechas pasan a poca distancia de el orco e impactan en una araña, la cual estaba apunto de echarse sobre el orco.
- ¡Esto se infestará de arañas si no nos damos prisa!- Dice Rúmil, disparando sus flechas, observando como más arañas van al combate.
-Gracias amigo, te debo la vida; disponeos todos en grupo, debemos hacer caso a Rúmil; esto no tardara en ser tomado por cientos de arañas- Dice Aikanáro, acercándose a Rúmil.- ¡Cuidado, ya es imposible mantenerlas separadas, desenfundad las espadas amigos y apresuraos a uníos en el centro, será difícil penetrar entre sus fornidas patas! ¡Bajad rápido de esos árboles Elder, pues el tiempo apremia y debemos correr hacía el camino y continuar!
Se sitúa a la derecha a Rúmil y a mi izquierda el hasta entonces cuestionado orco, con las espadas corto cuantas patas delanteras puedo y dispara a toda araña que intenta sobrepasar el circulo. Tomando del brazo a Rúmil, lo pongo detrás, y abrevio el plan:
-Colocaos unos detrás de otros, puesto que debemos penetrar entre las arañas cuanto antes sin sufrir daños a ser posible, haremos una hilera atacando sus aguijones y sus patas delanteras sobretodo, pues sin ellas no se moverán apenas.
-¡Tenemos que aguantar o huir de aquí! ¡Elder, antes de que bajes mira alguna posible salida! ¡Debemos dirigirnos inmediatamente al norte, conozco la zona y las arañas tiene sus guaridas en el sur del bosque!- Dice Adan, con la espada en posición para acabar cual atacante se le acerque.
Inmediatamente un arácnido de corpulentas patas y mandíbulas afiladas intentó con tremenda velocidad escupir su hediondo veneno sobre la compañía. El hacha de doble filo de Dimasalang se lo impidió, hundiendo el cráneo del ser maligno contra el tronco del roble más próximo. Cuándo aún no ha podido recoger el hacha de la cabeza partida de la agonizante araña, echó mano de su espada y de un golpe violentísimo arrancó dos patas a otra araña que ya se venía tambaleándolo por las flechas lanzadas por Aikanáro. Actos seguido cayó fulminada a los pies de Elder. A continuación, Dimasalang vuelve al círculo, en un breve momento de calma, dice tocándose la barba:
-¡Por las barbas de Balin!, hemos de salir de aquí cuanto antes. Puedo escuchar más arañas en las frondosidades del Bosque, y no creo que duremos mucho más aquí. Adan, creo que es mejor salir de aquí en dirección al Oeste, sin salirnos del camino, pues las huellas van en esa dirección. De adentrarnos hacia el norte hay un gran riesgo de encontrarnos con nuevos grupos de arañas y perecer. ¿Qué decidís?
El grupo se mantiene en círculo, mientras todos comenzaron a debatir la decisión a tomar.
Las arañas negras descienden de los árboles a toda velocidad, mientras que vosotros tenéis desenvainadas las espadas preparados para entrar en acción.
-Hay que salir como sea- Dice Elder- ¿En eso todos estamos de acuerdo, no?
Algunas arañas se retuercen en el suelo furiosas, y estas rabiosas y ciegas se lanzan con las de su propio grupo lo que les permite ganar un poco de tiempo. Sin tiempo suficiente, se abren paso entre las arañas con un valor tremendo, pero cuanto más avanzáis, mas arañas encuentran. De repente, no encuentran a Dimasalang, se giran hacia atrás y ven como una araña lo zarandea lanzándole 3 metros más allá. Acto seguido se lanzan sobre él, pero las flechas de la compañía consiguen impedirlo, y acto seguido lo rescatan y cargan con el enano. Entonces a Adan, que conoce bien el bosque, se le ocurre otra idea:
-Les ganaremos en su propio terreno. ¡Subíos a los árboles, las ramas mas chicas no podrán soportar su peso! avanzad rápidamente por las ramas, y que alguien coja a Dimasalang, tiene una gran mordedura en la pierna.
El enano refunfuña y pierde el conocimiento, mientras que la compañía consigue escapar gracias al plan de Adan Eädur, pues las arañas no se atrevían a subir a las ramas mas pequeñas, una osó hacerlo y en un crujido, rompió la rama y luego cayó al suelo estampándose. Luego, tranquilos y ya pasado el peligro, se sientan en la copa de un árbol, y consiguen curar a Dimasalang a base de comida élfica y unas hierbas curativas que había cogido Abârmil de su mochila. Cuando estaban respirando y sentados en el árbol creyendo que ya había pasado el peligro, sin mero aviso, ven como 2 orcos, un Uruk y otro mucho mas bajito, conversan:
-¡Que intranquilidad hay en el bosque!- Dice el Uruk- Por lo qué he sabido, hay una escolta de varios de los míos con 2 montaraces, los vi el otro día, parecían inquietos.
- ¿Te dijeron hacia donde se dirigían?- Dice el pequeño orco.
- ¡No alimaña! Te he dicho que tenían prisa, pero creo que se dirigían a la salida del bosque negro.
- ¿Pero por qué no los llevan a Dol Guldur? ¿Tan importante son esos montaraces?
-Las arañas están mosqueadas, y este bosque es un laberinto, en cuanto a los montaraces, no lo sé, pero parecen poseer información valiosa, no estoy seguro- dice el Uruk y le pega un gran latigazo, a lo que el pequeño orco respondió con un grito ofensivo. Cuando desaparecieron, la compañía tenía claro lo que tenían que hacer: Ir a la salida del bosque negro, sin descanso, o perderían el rescate de los montaraces. En la huida habían llegado hasta las mesetas del  bosque negro, y no podrían pararse a descansar. Reventados, tendrían que seguir caminando hasta quedarse sin fuerzas, sobre todo Dimasalang, que había sido herido y cojeaba un poco al andar. En ese tiempo de persecución, quizás les diera tiempo de conocerse mejor y conservar sobre sus intenciones, incluso de mejorar sus amistad...
Abârmil había demostrado su habilidad curativa, Burzumgad había dejado claro de que pasta estaba hecho,  y Rúmil al igual que Elder habían demostrado que eran ya unos expertos arqueros, y Aikanáro se sentía mucho más inteligente, pues había hecho un plan de salvación bastante aceptable, que les sirvió a todos excepto a Dimasalang, que demostró su resistencia al igual que Burzumgad.
La compañía se pone en marcha, a Adan al que le era muy extraño caminar al lado del orco; pues estaba acostumbrado a romper sus madrigueras en el bosque. Elder rompe el silencio diciendo:
-Ya que todos estamos juntos en esta tarea sería bueno conocernos un poco más, tenía mis dudas sobre Dimasalang y Burzumgad pero creo que han demostrado de que lado están, buen trabajo. En cuanto a mi os puedo decir que provengo del noreste de Gondor, de una pequeña región llamada Bealfast. Me encanta la aventura y vivir nuevos retos y mis pasos me han llevado a este lugar. Cuando escuché la desaparición de los montaraces me dije que tenía el deber de ayudarles, espero que nuestro viaje acabe bien para todos, pondré mi vida a vuestro servicio. ¿Oye Dimasalang, que tal va la pierna?
-En buenas condiciones para continuar la misión- Contesta el enano, y Elder esboza una sonrisa, pues se alegraba bastante.
-El motivo de mi unión a este heterogéneo grupo es debido a una misión que me ha encomendado mi señor Grimbeorn (el hijo de Beorn) de encontrar a los dos montaraces desaparecidos, ya que él tiene alguna relación con estos- Observa como los miembros de la compañía empiezan a mostrar atención y continúa- En cuanto a mi vida... mi nombre real no es Adan Eädur, pues eso es élfico y los Beórnidas (u Hombres del Bosque) no usamos esa lengua. Realmente me llamo Arodbern, aunque casi todos me dicen Adan… conozco bastante mundo y he tenido relación con muchas personas, en mi infancia traté varias veces con elfos de Lórien, y soy gran amigo de los enanos de Erebor. Eso si, nuca había conocido a un orco, y menos uno tan noble y leal.
Burzumgad al oír tal comentario contesta:
- Gracias Adan, no todos los orcos somos iguales- Dice el orco mientras caminaba.
-Bueno camaradas, yo y Aikanáro ya nos conocemos de hace muchos años, ¿verdad viejo amigo? - Dice Rúmil, y Aikanáro asiente con un gesto de cabeza- solo expresaros que mi propósito es rescatar ante todo a los montaraces raptados. Yo me encontraba de camino a Lórien y escuché a cerca del rapto y la misión y decidí unirme al grupo para rescatarlos, ya que vivo para la aventura y nunca desisto de ella.
Finalmente el elfo baja el ritmo de la marcha y se coloco a la par de Burzumgad y le dice mientras le pone una mano en el hombro:
-Combatís bien, amigo. Nunca he compartido un viaje junto a un orco, y menos como vos, veo que vuestros propósitos son buenos, pero la incertidumbre me inquieta... ¿Cual es el motivo de vuestra rebeldía hacia Sauron? En mis más de 4000 años de vida jamás conocí a un orco como vos. Me gustaría saber el por qué os habéis pasado al bando de la luz y desistís de Sauron.
Burzumgad fue a hablar, pero Dimasalang aceleró el paso a la vez que también se presentaba:
-Gracias. Gracias a todos por vuestra ayuda. ¡Vive Aulë que no es momento aún de ocupar sus estancias dejando este mundo!
- De nada- Dice Abârmil, pues él había cogido las hierbas curativas.
-Definitivamente puedo caminar en paz, a pesar de ir acompañado de elfos y de un orco que han demostrado su valor en la batalla- Siguió el enano- creo que todo ha sido tan precipitado que aún no me he presentado formalmente. Ya sabéis mi nombre, Dimasalang, aunque también podéis llamarme Dimas, hijo de Thranios. Mi nombre significa en un viejo dialecto enano "el intocable". ¡Bien me hubiera podido servir ante las arañas! Mi familia desciende de la ciudad de Nogrod, "la morada hueca", enorme población de afamados artesanos, que desapareció al final de la II Edad. Desde entonces todos mis antepasados han morado en las Colinas de Hierro. Me enrolé como mercenario para luchar en el Bosque Negro porque era el mejor modo de garantizar la paz para los Enanos del Norte. Serví a las órdenes de Dáin, rey de Erebor, en la Batalla de Azanulbizar, y acompañé a Balin en el 2889 hasta Moria, hasta entonces ocupada por los orcos, siendo capitán de la restaurada guardia de Durin III, refundada en honor a ese rey enano. Poco después de al entrada de Balin en Moria regresé a Erebor y el resto ya lo sabréis, me alisté como mercenario en el bosque negro para asegurar la paz de mi pueblo.
Entonces el orco fue a hablar, y todos expectantes prestasteis mucha atención a su relato, pues era muy extraño, un orco rebelde contra Sauron ¡lo nunca visto! Se decían todos.
- Por mí mismo y por los relatos que circulan entra los míos tuve desde siempre que los elfos eran seres siniestros, altaneros y dados a la extrema crueldad- Entonces Burzumgad le puso la mano una mano en el hombro y le dijo-Gracias, compañero.
El elfo le contestó con una humilde sonrisa y mientras Burzumgad observaba como las palabras surgían de su boca de una manera curiosa, y prosiguió con su relato:
- Ha llegado el momento de poner las cosas en blanco sobre negro- y sin dejar de andar miró a todos y alzó la voz- Sin duda de que no me equivoco si os digo que mi presencia aquí os asombra e inquieta. No os culpo. Hay mil historias con respecto a los míos, no gratas y en la mayoría de los casos plenamente justificadas. Permitidme que os muestre algo que os deslumbre-Y el orco enarboló una  cimarra, y quitándole la ruda cobertura de la empuñadura, la exhibió ante todos-es mithril- dijo el enano y al enano le relampaguearon los ojos-Sí, plata de los enanos. Pero como ya  leo vuestros pensamientos, os aclaro que no es botín de batalla: fue un regalo que atesora mi familia. Así sucedió: cuando la guerra entre ellos y nosotros, hace de esto más de doscientos años, un ancestro mío llamado Gashdag participó en la batalla sangrienta de Azanulbizar.Casi al fin de la misma mi ancestro se batía con un enano mayor y vigoroso que (después lo supo) se llamaba Dig. Ambos eran valerosos y no se daban tregua. Al fin Gashdag logró desarmar al enano y lo tubo a su merced. Esperaba de él pedidos de clemencia, pero el orgulloso enano sólo dijo:"anda, orco, haz lo tuyo" aquellas palabras junto con la mirada luminosa que Dig le dirigiese hicieron que mi ancestro dejara caer el arma ¿como podía terminar sin más con tamaño rival? Con el tiempo los dos corrieron aventuras juntos, aunque la historia no lo recuerde. Dig construyó para él esta arma. Esto enseño a mi familia ciertas reglas no comunes en los míos. Veis que me uní a la compañía como mero mercenario, y si vais por los montaraces, contad conmigo, pero sabed que ante todo me mueve el demostraros que en mí tenéis un ejemplo: no todos los orcos somos asesinos sin sentimientos. De Minas Morgul huí del terror que nos esclaviza. Hay allá más como yo... amigos.
Burzumgad terminó, y entonces todos permanecisteis asombrados por un momento, hasta que Abârmil rompió el silencio diciendo:
-Ya que os habéis sincerado conmigo, yo haré lo propio con vosotros, aunque ello me cueste. En su día pertenecía al selecto grupo de los dúnedain del norte, alcanzando gran gloria entre ellos, gracias en parte a la fama que tenía mi padre, Abârtharon, hombre de confianza de Arathorn, Capitán de los Dúnedain. Pero hace unos meses caí en deshonor cuando defendía la frontera sur de mi pueblo. Decidí abandonar mi puesto faltando al juramento de obediencia de los montaraces, esto para mí es una deshonra profunda.
Desde entonces no he vuelto a mi país, transcurriendo la vida vagabundeando por la Tierra Media buscando una redención personal con la que volver a mirarme en un espejo sin sentir vergüenza. Pero todo esto quedó atrás al enterarme que gente de mi pueblo necesitaba ayuda, así que decidí enfrascarme en esta difícil misión. No os he contado todo sobre mí, aunque creo que lo suficiente, dado que no gozamos de la confianza necesaria, aún.-Cuando dejó de hablar toda la compañía percibió como Abârmil parecía librarse de la carga que apesadumbraba su corazón se quedaba atrás, en medio del camino, lejos de él. Guardó silencio y se puso a la par de Adan en cabeza para ayudarlo en la guía de la persecución.
Aikanáro que había oído muy atentamente, se dirige hacia Rúmil:
-¿Qué tal estas amigo? ¡Una gran batalla por tu parte!-Rúmil se lo agradece con un gesto alegre de su pálida cara, entonces se sitúa por delante de todo el grupo y mientras va andando se coloco de frente y andando de espaldas con un paso mas suave se presenta:
-¡Escuchad!; es cierto que yo ya conozco a Rúmil hace más de 1000 años, pero a vosotros no y por eso me han resultado interesante vuestros relatos e intenciones. Ahora pues, expondré las mías...
Hace apenas 5 días me dirigía hacía Gondor con el fin de reunirme con un viejo amigo que me había convocado urgentemente; a 2 leguas de la ciudad me encontré con un mensajero que llevaba esta noticia, habían raptado a unos pacíficos montaraces en las proximidades de un angosto camino, y me puse en camino hacia el bosque negro, y el resto ya lo conoceréis. Pues no tengo más que decir, vengo a encontrarlos y rescatarlos de las manos que los retengan, no pienso desistir sin conseguirlo y nunca abandonare; adoro la aventura y quiero conocer mundo...
Todos esperaban ya a que el camino coincidiera en alguna pista para llevarlos al siguiente paso de la gran misión; entonces Aikanáro se gira y continua el paso apresurándose a guiar a los menos ágiles en la zona como Dimasalang.
Adan encabezaba el grupo a paso ligero, hiendo por el camino principal. Mientras, Abârmil y algunos de vosotros intentaba encontrar alguna pista, o a los montaraces, a la vez que mantenían una agradable conversación, y cogieron cada vez más confianza con respecto a vuestros compañeros. Ya no eran el grupo indeciso y que sospechaban los unos de los otros, si no un grupo unido que ya empezaban a mostrar su amistad, y estar cada vez más unidos.
Después de 3 días de largo caminar sin parar, nada más que parando unos cuantos segundos lo suficiente como para poder masticar unas lembas, encontraron por fin a la salida del bosque negro.
-¡¡Por fin!!!- Exclamaba todo el grupo, sobre todo Dimas, que estaba exhausto. En cambio Adan, le producía tristeza abandonar el bosque negro.
Rúmil se subió en un árbol y dijo:
- No veo nada que este relacionado con nuestra misión, ni huellas ni orcos... 
- Perfecto- Dijo Abârmil un poco angustiado- Hemos fracasado...
Burzumgad olfateo el aire y dijo:
-¡Rápido! ¡Un gran grupo de orcos se acercan desde el bosque, huelo rastro de montaraces! ¡Pueden ser los nuestros!
-¡Es verdad! ¡Los estoy divisando!- Dijo Rúmil de nuevo.
Todos se alegraron, pero Aikanáro dijo lo que parecía mas sensato:
-Debemos escondernos entre los árboles, pues pueden ser muchos, y además si nos escondemos tendremos ventaja y podremos tenderles una emboscada ¡De prisa!
Todos se subieron al mismo árbol y entonces Adan se acordó de que los orcos iban a recibir refuerzos para ayudarles en la salida del bosque negro. Le pidió a Rúmil que mirase, y entonces vio unos 75 soldados negros, Uruks, que se acercaban a la entrada. Paralizados por la rapidez de los Uruks, pronto vieron desde arriba el diálogo de ambos grupos:
-Aquí los tienes- Dijo un gran orco con anchos brazos y una gran hacha. Levantó a 2 grandes sacos que se movían lentamente, que deberían de ser los montaraces, y se los dio al Uruk jefe.- ¿Sabéis las instrucciones no?
- Si- Dijo el Uruk con voz imponente- Debemos de llevar esto hacia Moria. Al parecer esos montaraces saben demasiado, el Balrog les hará cantar como a un pajarillo.
-Mmmmm... Pajarillos- Dijo el otro orco y se relamió los labios. - ¿Os seguimos, no? de todos modos esto es muy extraño no entiendo para qué quiere que hagamos todo esto...
- No podéis aguantar nuestro ritmo- Dijo el jefe Uruk- Quitaos de mi vista ratas.
- Callaos, seguro que os fumáis el saco entero- Dijo otro orco más pequeño.
- ¡Ratas apestosas!- Dijo otro Uruk.
- ¡Snagas!- Dijo también otro Uruk.
- ¡Fétidas femeninas!- Dijo otro orco más grande y que no era del bando de los Uruks.
Acto seguido otros insultos salieron de ambos bandos, y a raíz de eso, no tardaron en luchar, y al final ganaron los Uruks, unos 15 supervivientes. Elder le dijo a Burzumgad que ahora empezaba a entender por que había desertado de Minas Morgul. Después la compañía se lanzó y los mató, y corriendo abrieron los sacos donde estaban los montaraces. Pero cuando los abrieron se dieron una sorpresa, no eran montaraces lo que perseguían, ¡¡¡si no unos cuantos toneles llenos de tabaco para fumar!!!
Todos se quedaron perplejos, sin saber que decir, y entonces Abârmil dijo lo que le pareció mas sensato:
- Nos hemos equivocado de grupo, era un grupo para distraernos, y nos han engañado. Esta claro que el enemigo sabía que mandarían un grupo a liberarlos. Aunque quizás lo que dijeron esos orcos estúpidos tuvieran razón. Los llevarán a Moria. Además esos orcos nos han dado pistas suficiente para que hubiésemos sospechado, se dirigían al saco diciendo ``esto`` o ``De todos modos esto es muy extraño no entiendo para qué quiere que hagamos todo esto...`` o ``seguro que os fumáis el saco entero`` ¡Venga, vámonos!- Dijo Abârmil, aunque ni el mismo parecía estar convencido de lo que decía.
Patidifusos y enfadados, convencidos del fracaso de la misión, seguían a Adan, igual de ágil. Pero Abârmil no tardo pronto en encontrar pelos de montaraz, y pisadas idénticas de orcos a las que encontró en el turno de guardia. Sin poca esperanzas, acampan por fin, al lado del puente que cruza el Anduin. Se acercan frente a la cena y esperan a que alguien diga algo sobre lo sucedido. Ninguno parece estar convencidos de que lo que dijo Abârmil sea cierto, ni el tampoco. Mientras comen se acercan frente a la hoguera para calentarse. Descargan los toneles de tabaco, que se los han llevado, quizás les sirviese de utilidad.
- En verdad he de reconocer que no es poco el placer que experimento al llevarme a la boca estos deliciosos manjares de comida élfica. Ya no sólo hablo del miruvor que me administrasteis para aliviar la mordedura de la araña del Bosque. ¡Nunca me habrían creído mis hermanos del pueblo de Durin de hablarles así de las excelencias del Lembas, o “pan del camino”!- Dijo el enano, al tiempo que Rúmil alimentaba el fuego.
-Tal vez todo sea una trampa para llevarnos a Moria, pero no veo muchas más opciones. Podría intentar seguir las huellas que han dejado el grupo de Uruks hasta su base. Si cogemos sus trajes para disfrazarnos quizás conseguiríamos mezclarnos entre ellos, Burzumgad sería nuestro portavoz, pues conoce perfectamente la lengua negra, y si las huellas nos llevan a Moria, creo que con las vestimentas orcas entraremos sin problema. Eso sí, os aviso, todos habéis oído pronunciar la palabra "Balrog", el Daño de Durin, cuidaos del demonio de Morgoth- Dijo Abârmil, que tras decir eso, sacó su pipa y se dispuso a fumar mientras escuchaba a sus camaradas.
En ese momento, Burzumgad el orco se precipitó hacia los sacos en busca de tabaco. El resto de la comunidad al ver su premura les causo mucha gracia. Y se rieron de veras cuando, después de fumar, le vieron masticar cierto alimento oscuro que sacó de entre los repliegues de su coraza de cuero.
-No es carne humana- bromeó-sino cierto compuesto de hierbas de viaje sumamente alimenticio común entre los soldados orcos. Sabed disculpar, pero las lembas me son algo indigestas, como comprenderéis... he escuchado el plan de Abârmil y no se si es conveniente, es que ¿podemos confiar en las palabras de un uruk, los peores de entre los míos, los más con substanciados con la oscuridad? Puede ser una trampa. No obstante si el plan es aceptado por la mayoría, allá voy. En cuanto a las guardias, me ofrezco, si podéis confiar en mí. Y me placería que Dimas fuese mi compañero, si él quiere, claro-Dicho esto calla, mientras sigue masticando el alimento orco.
``Bien merecía la Compañía un plácido descanso después de tres días de agotador camino y tras el último enfrentamiento con el grupo de Uruks``, pensaba Dimas el enano, aunque no lo dijo en voz alta. Mientras tanto Rúmil seguía alimentando el fuego crepitante con restos de robles secos del camino, Elder escuchaba atentamente, y Dimasalang limpiaba el hacha de doble filo, aún con restos de sangre seca de Uruk, con un paño de agua humedecida en el próximo Anduin.
Tras las observaciones de Abârmil y Burzumgad, y mediando un prolongado silencio el Enano comentó:
- Me cuesta creerlo. ¿Moria ocupada por los orcos? Yo estuve allí con Balin, y si bien es cierto que hace años que regresé a las Colinas de Hierro, exactamente en 2992, las últimas noticias que tuve de él es que había conquistado varias estancias de la gloriosa Khazad-dûm. Los Uruks también hablaron de un Balrog. ¡Entonces es cierto que algunos quedaron con vida tras la caída de Thangorodrim!
El fuego proyectaba caprichosas sombras sobre el grupo de comensales en torno a la hoguera. La noche parecía, por fin, apacible. Tras encender su pipa con el tabaco requisado a los Uruks el enano prosiguió:
- ¡Hemos de tomar una decisión ya! El tiempo corre en nuestra contra. Si como dice Abârmil todos los indicios apuntan a que los montaraces han sido llevados a Moria. Propongo partir cuanto antes, pues en dos jornadas podríamos entrar por la puerta este o del Arroyo Sombrío, también conocida como el “paso del Cuerno Rojo”, o en mi lengua Khuzdul. Conozco bastante bien la mayor parte de las Minas porque como os dije fui capitán de una unidad del ejército de Balin. De ser cierto que el Balrog ha abandonado las profundidades de la tierra, no dudo que mis hermanos resistan aún en numerosas estancias. Moria es grande y profunda, y me cuesta creer que no quede ningún enano con vida. Mientras lo decidís, acepto tu ofrecimiento, Burzumgad, de acompañarte en el turno de guardia, pues aún tenemos mucho que hablar.
-Creo que nos dirigimos sin duda a una emboscada en Moria, y eso si es cierto que los llevan allí, porque lo que esta claro es que esos bastardos ya nos la han jugado una vez y esperan volver a hacerlo. Aunque Dimasalang conozca bien la zona, si finalmente vamos a Moria, deberíamos desviarnos del camino y continuar con una ruta diferente y más segura para poder escondernos con más facilidad, no olvidemos que somos un grupo amplio. Podemos dar gracias por tener la habilidad de los montaraces-Al terminar su pequeño discursillo, Elder se ofrece por fin a realizar la segunda guardia, aunque no sin antes añadir- quizá para no perder demasiado tiempo podríamos descansar sólo las horas suficientes, para recargar fuerzas y partir antes del amanecer.
Mientras Adan, confesó que se había quedado partido en dos: decepción por el vil engaño y alegría por la cantidad de hierba que veía ante él. Tras coger un poco y permanecer sentado, escuchando a sus compañeros (y cada vez más, mis amigos) y reflexionando sobre el rumbo a seguir habló:
-Bien. No debemos fiarnos de los que huyen de nosotros, pero tampoco tenemos muchas opciones. ¡Tomemos el camino a Moria por ahora! no sería conveniente perder nuestra única pista. Quizás no tengamos que entrar en las minas, o quizás sí eso ya se verá, pero no debemos demorarnos.
Dicho esto, se aparta un poco del círculo, deja sus bártulos y se dispone a fumar tranquilamente arrullado por las estrellas del cielo y el tacto del bosque tan querido para él.
Al terminar Adan, el silencio volvió a reinar y parecía que la tristeza se contagiaba a todos los miembros de la compañía.
-Las escasas aunque creíbles pistas halladas por Abârmil son suficientes para seguir y buscar a esos montaraces, ¡No debemos perder el ánimo porque eso es lo único que nos hace vulnerables!- Dijo Aikanáro intentando contagiar el ánimo élfico a toda la compañía a través de Rúmil, Elder, y él; decido a  sentarse en torno a la hoguera y alentar a sus amigos sobre la ardua tarea de llegar a Moria lo antes posible sin cruzarnos en el trayecto del enemigo, y siguió diciendo- Creo, pues, deberíamos ir a la aldea de Beorn dónde tal vez podamos conseguir unas barcas con las que podemos recorrer el Anduin hasta las cercanías de Lórien; una vez allí propongo continuar el camino a pie hasta el Valle del arroyo Sombrío; ahorraremos tiempo y aseguro que se sucederán jornadas tranquilas. Por cierto, Abârmil, te haré compañía durante esta primera guardia si estas de acuerdo.
Abârmil respondió con un gesto de su cabeza que indicaba que estaba de acuerdo.
- Ahora, estoy de acuerdo junto con la mejor idea de Elder de partir al alba- Finalizó Aikanáro.
Se levantó y se aproximo a apoyarse sobre una pequeña roca cercana a la orilla del Anduin, disponiéndome a vigilar junto con Abârmil el tiempo necesario para que Dimasalang y Burzumgad recuperaran fuerzas hasta su turno para luego hacer mi descanso. A medida que las jornadas se sucedían se notaba que la amistad brotaba entre los miembros de toda la compañía por igual.
-Moria es un gran laberinto y en el habita "El daño de Durin", al cual ninguno de nosotros podemos hacer frente, tendremos que ser muy cautos si entramos en Moria. Si aun quedan enanos con vida allí, nos serán de gran ayuda... La idea de ir a casa de Beorn, "La Carroca", e intentar conseguir unas barcas me parece sensata, ya que navegando por el Anduin recortaremos días de viaje- Dijo Rúmil, después de oír a todos y hace una pausa mientras mira los barriles de tabaco llega a una conclusión-Lo mejor sería seguir el camino a pie tras navegar por el Anduin como dice Aikanáro, sin llegar a Lórien, ya que si llegamos hasta sus dominios vestidos de Uruks nos atacarían, con lo cual lo mejor es pasar alejadamente de Lórien y vestirnos de Uruks antes de llegar al Valle del Arroyo Sombrío; los barriles pienso que deberíamos dejarlos indemnes y llevarlos con nosotros para hacernos pasar por el grupo de Uruks a los cuales hemos eliminado, y claro, Burzumgad haría de nuestro líder ya que él conoce la lengua negra.
Dicho esto se dispone a descansar un poco junto al fuego y realizar más tarde la tercera guardia.
-Bien amigos ahora descasemos, mañana será otro día. Yo haré la tercera guardia
A continuación el enano le recordó al orco que Dig había sido compañero suyo en Azanulbizar y que sabía de la existencia de Gashdag, por narración de aquel, y que aunque enemigos mortales ambos habían dado una lección de caballerosidad. Es así como Dimas, hijo de Thranios, comenzó a tener mayor confianza del orco.
Finalmente, la comunidad queda bien satisfecha con la comida y aclaran antes de acostarse, que lo mejor es él plan de Rúmil, pero afortunadamente, no tenéis que viajar más para encontrar unas barcas, ya que unas vienen contra corriente del Anduin, y quedan ancladas a la orilla. Pero las barcas están llenas de unos guerreros elfos atravesados con flechas negras, de orcos.
- Ya sabemos que barcas cogieron nuestros perseguidos- Dice Abârmil quién coge de las barcas unas mantas, y Burzumgad las olfatea asegurando que son de los montaraces.
Rúmil, Elder y Aikanáro quedan un poco tristes al ver a los elfos de las barcas muertos, los cuales son tirados al agua y sus cuerpos se hunden en el Anduin.
En ese momento, nadie se da cuenta del peligro que acecha y no parten inmediatamente, y se disponen a hacer las  guardias. Deciden partid al alba como dice Elder, y descansar, pues la jornada a sido agotadora. Todos hacen las guardias menos Adan, que estaba exhausto después de guiar a todos por el bosque negro.



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