La Odisea de Elfenomeno

19 de Octubre de 2006, a las 12:16 - Entaguas
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La comunidad volvía a tener que disolverse. Por un lado, los elfos con Fernando, y por otro, Abârmil, Adan, Burzumgad y Dimas con Farahir que irían hacia Rohan y el Entaguas a por los refuerzos, y los elfos hacia Lórien. Se despidieron entre abrazos y apretones. Finalmente la primera compañía consigue ir hacia el Limclaro sin sorpresas, y encuentra unas barcas.
 No tardan en ponerse a remar, contra corriente con el Anduin para llegar a Lórien.
-Aquí tenemos unas barcas que están en buenas condiciones, espero que nuestro viaje por el río no nos depare ninguna sorpresa desagradable- Dijo Elder.
Para Rúmil, el viaje, era demasiado calmado, algo extraño sentía...
Broceliande, al verlos desembarca, exclama:
- ¡Malas nuevas tenemos, compañeros! ¡Orcos de Moria se preparan para el atacarnos! ¡Podéis huir o ayudarnos, pues son muchos! ¡Traen fuertes orcos negros de Mordor; Uruks-hai, y fuertes trolls que no les afecta la luz del día; Olog-hai!
- ¡No venimos a combatir, aunque ya todo se hablará!- Dijo Rúmil, calmando a Broceliande, que estaba exhausto- Os hemos traído a unos de los montaraces, Fernando.
- ¿Uno nada más? ¿Y los demás? ¿Os habéis separado? No importa,¡¡seguidme con cuidado!- Dijo Erwin, impetuosa.
Mientras os adentráis en el reino élfico, y Fernando habla en privado con Broceliande y Erwin en privado, y bastante lejos de vosotros. Broceliande se asombraba, pero al menos escucharon algo en lengua común que Erwin pronunció muy alto:
- Me temo que vengamos demasiado tarde como para prevenir los hechos, quizás ya sea imposible pararlos, demasiado tarde.
Mientras, aunque a la compañía de elfos podía elegir entre ponerse a salvo o luchar, lucharían, pues la batalla les afectaría de todas las maneras. Y todos estaban de acuerdo.
-Si los elfos están amenazados nuestro deber es quedarnos y defender el reino, nuestra misión acabó en el momento en que llegamos aquí con Fernando. Quizás Erwin tenga razón y sea ya demasiado tarde, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados amigos Rúmil y Aikanáro. ¿Qué contestáis, hacemos frente a ese ejército de Orcos?- Dijo Elder.
-Rúmil, Elder; amigos; juntare mi espalda con la vuestra para defender la zona, llevo muchas batallas y nunca he perecido, espero no caer en esta. ¡Luchare por lo míos y con los míos contra la peor peste existente en la tierra media, no lograran ni dañarnos!- Dijo Aikanáro.
-Bien, Aikanáro, muchas batallas hemos librado a lo largo de nuestra amistad contra numerosos enemigos y esta no será la última. ¡Preparémonos para la defensa de Lórien! ¡Animo amigos, que nuestro coraje no decaiga! ¡Salgamos a hacer frente a esos malditos orcos y que prueben el acero élfico!
El anciano elfo gruñía mucho, pero entonces una gran partida de elfos le llega diciendo:
- ¡Están frente a los bosques! ¡Prepara las tropas! ¡El ataque será cuestión de minutos!- Todo el mundo corría hacia fuera del bosque, preparándose para el ataque, mientras que gritos de desafío del ejército de orcos de Moria se escuchaban.
- Que Fernando se quede aquí a salvo, Rúmil, Elder y Aikanáro, necesitaremos vuestras espadas y arcos- Dijo Broceliande, todavía perplejo por todos los hechos- Sin duda es muy importante lo que nos dijo Fernando, luego os lo contaré ¡Preparaos!.
Pronto estaban en la primera fila del ejército élfico, preparados y con las flechas preparadas. La masa negra de Moria se preparaba para el ataque. Descargaron una increíble y certera descarga de flechas con una orden de un alto elfo, Haldir (que era quién comandaba el ejército). Los estandartes blancos de Lórien se alzaban y corrían a la embestida, y los orcos y trolls con su feroz carga, corrían hacia los elfos...
-Malditos Uruks, no perdonare a uno solo, pasare toda la carne de sus malolientes cuerpos por el filo de mis dos espadas, confío en que no quede huella alguna de ellos después de esta lucha. Aunque el cansancio me apriete no olvidare la honra a mi pueblo y lo defenderé hasta que las fuerzas me sean tan leves que no pueda mantenerme firme- gritaba Aikanáro, mientras Elder sujetaba a Eldering con fuerza.
Pero lo peor estaba aun por llegar, pues los Olog-hai, se acercaban hacia nosotros:
-¡Olog-hai viene hacia nosotros! ¡Preparaos para hacerles frente! ¡¡Por Eärendil!!- Gritó Rúmil
Varios elfos se lanzaron contra los Olog-hai desesperadamente para acabar con ellos mientras otros los acribillaban con sus arcos. Rúmil ya no veía a sus amigos entre la gran masa de gente luchando y rezó por verlos de nuevo tras la cruenta batalla que estaban librando. Rúmil seguía valerosamente luchando con todos los enemigos que se encontraba a su paso.
La intensa lucha parece empeorar por momentos. Los orcos traían fuertes catapultas incendiarias, y con sus flechas prontos los lindes de los bosques caen en llamas.  Los orcos no paran de salir; pequeñas y escurridizas bestias, los temibles Olog-hai aparecen en la batalla, y acaban con muchos elfos con sus mazas. Rúmil dispara una certera flecha hacia el cuello de la bestia, y esta se derrumba. Aikanáro y Elder combaten con sus espadas a todo enemigo que se le acerca. Rúmil avanza pero de repente ve como un fuerte Uruk clava su flecha hacia Broceliande. Rúmil avanza lo más rápido que puede y mata al Uruk y observa al herido Broceliande.
- Rúmil -Dice con dificultad- El enemigo es muy superior... da la orden a Haldir para que cedáis terreno.
- Broceliande, espera, no te puedo dejar aquí abandonado con esa flecha clavada...
- No- Dice Broceliande- Abandóname. Dale la noticia a Erwin, el sabrá que hacer... la herida es grave y no tiene cura, siento como el velo gris de este mundo se destapa y...
Broceliande cerró los ojos y calló. Rúmil pone su mano sobre su pecho; su corazón no late, está muerto. Entre una gran tristeza logra ver como Erwin lucha contra un gran Olog-hai, pero en ese momento, sin tiempo para actuar, el Olog-hai descarga su mazo contra Erwin, aplastándola.
- ¡NOOOOOOO!- Grita Rúmil lleno de furia, en un alarde de tristeza al ver como miles de elfos sucumbían uno por uno.
Vaga por la batalla intentando localizar a sus amigos, Elder y Aikanáro. Pero algo le para los pies; una flecha a acertado en su pierna. Rúmil se retuerce de dolor en el suelo, al tiempo que ve como un orco sonríe feliz y se acerca hacia el con una daga. Mientras en ese momento, un elfo bastante bajo y distinto acaba con el orco. Pero no era un elfo, si no Fernando, que se había disfrazado para acudir a la batalla. En ese momento Rúmil pierde el conocimiento, pero para mayor intranquilidad ve como un Uruk salta de las sombras y le da un fuerte golpe a Fernando, cayendo al suelo, muerto. Mientras Aikanáro y Elder luchan en la lejanía.
-Elder, esto parece llegar a su fin, ¿Qué debemos hacer? ¡Luchare espalda con espalda hasta que ordenen retirada o de lo contrario los incansables orcos se retiren, que lo dudo!- le dice Aikanáro-Cuidado, en tu espalda, malditos Olog-hai, parecen invencibles.
Aikanáro debemos abrirnos paso y encontrar a Rúmil, esta zona ya está perdida así que retrocedamos hacia el interior del bosque.- le dice Elder.
Mientras avanzan intentando buscar a su amigo Rúmil.
-¡Corre! Hay que encontrar a Fernando y Rúmil, deben estar cerca. Aún así espero que se las hayan podido apañar ellos solos, esto es demasiado cruel para cualquiera. Allí esta, ¿Muerto?, no puede ser- dice Aikanáro.
- ¡Rúmil!- Dice Aikanáro sorprendido- ¡Esta muerto!
Elder se acerca un poco más y le dice:
- No está muerto, solo está inconsciente, deprisa, carguemos con él entre los 2 y huyamos de este terror. Todavía vive, vamos llevémoslo hasta aquellas barcas del río... un momento. Es terrible, mira allí esta el cuerpo de Fernando, o lo poco que queda de él.
- ¡Estoy de acuerdo!- Dice Aikanáro- Huyamos con las barcas por el Anduin, y de paso cogeremos a Fernando.
Fernando, Elder ha oírlo le señalo temeroso y petrificado el lugar donde yacía muerto el montaraz
- ¡Maldita sea!- Dice Elder- ¡Pero no tenemos tiempo que perder! ¡Corramos en busca de ayuda!
Mientras Haldir aparece, dando la retirada hacia más adentro del bosque. Entre confusión y dolor, consiguen escapar de aquel infierno.  Ya en las barcas navegando por el Anduin, parecen sonar gritos de victoria élfica. En ese instante Aikanáro y Elder le extraen la flecha a Rúmil, y este, vuelve a sentirse recuperado.
-Esa herida esta mucho mejor ahora -le dijo Elder a Rúmil- creo que es el momento de partir, ya no somos necesarios en Lórien y para encontrar a nuestros compañeros debemos ir a Rohan como bien dice Aikanáro, es de suponer que ellos todavía estarán allí sino seguiremos su pista cuando lleguemos. Los jinetes de la Marca patrullan muy asiduamente así que lo único que tenemos que hacer es encontrar un grupo que nos conduzca hasta la Ciudadela de Edoras.
Entonces de improviso, un terror alado que ya conocen les embiste y parte la barca. La corriente les lleva y pierden el conocimiento, y cuando despiertan en la orilla, se dan cuenta de que están en las orillas del Limclaro.
-Rúmil, Elder, ¿Estáis todos bien?- Pregunta Aikanáro.
- Bueno- Dice Rúmil- ¿Y ahora qué haremos? Está claro que nuestros amigos nos buscaran en Lórien, pero tenemos que encontrarlos, ¿Que ruta tomaremos para encontrarlos?
Entonces, los elfos le hablan de la batalla y Rúmil dice triste:
-Así que no pudisteis salvar a Fernando… solo a mí… Entonces hemos fracasado en nuestra misión. Broceliande y Erwin también cayeron, lo vi con mis propios ojos, no pude salvarlos. ¡Maldita sea! Todos nuestros esfuerzos han sido en vano. Espero que los demás hayan corrido mejor suerte y que Farahir siga con vida, si no habremos fracasado totalmente.
-Exacto, Fernando yacía muerto cuando te encontramos, alrededor estaban Broceliande y Erwin también caídos en batalla, ¡Ha sido un autentico desastre!
Hemos fracasado estrepitosamente, confió al igual que todos en que Farahir y el resto anden con vida rumbo al destino que les espere...- Dijo Aikanáro.
-¿Vosotros que creéis que debemos hacer ahora? No tenemos víveres así que debemos actuar rápido y escasas son las flechas que me quedan. Seguramente nuestros compañeros vuelvan a buscarnos a Lórien… tal vez si marchamos hacia Rohan los encontremos por el camino, aunque no sabemos exactamente donde se encuentran. Espero que lo caballero de la marca sean amables con nosotros y nos ayuden a buscarlos. Yo opino que debemos seguir hacia el sur, dirección a Edoras. Tal vez se encuentren allí- Dice Rúmil, a la vez que se levanta y se siente mejor.
-Yo perdí el carjal en el río cuando fuimos arrastrados por el Anduin, las provisiones que tenía fueron agotadas en combate y es escasa la idea que tengo de la zona exacta del Limclaro dónde estamos, solo me puedo guiar por el cruce del Anduin con este río- Dice Aikanáro-Creo también que en la marca nos recibirán con buenos modales, no tienen fama de maleducados ni desaboridos, es buena idea Rúmil; ¿Estas de acuerdo Elder? Depende de lo que les depare la suerte y el destino amigo, pero creo que volverán en nuestra búsqueda, si consiguiéramos cruzarnos con ellos por el camino… Edoras es un buen destino, démonos prisa, pues el tiempo apremia y mis fuerzas se encuentran al límite. ¡Hacía el sur compañeros, largo viaje nos espera!
Mientras, todavía quedaba un largo y fatídico camino que recorrer por la cansada compañía de elfos.
Y no podían pararse a descansar. Ahora sentían un terrible vacío debido al fracaso de la misión al morir Fernando, a quién le había cogido cierto afecto. Estaban exhaustos, y andaban jadeantes por las verdes praderas con cierta dificultad. En ese momento, el recuperado Rúmil dijo:
-Mirad el lado bueno, ahora Khamûl ya no nos perseguirá mas, pensara que las aguas del Anduin nos tragaron acabando con nuestras vidas.
 Todos asintieron con un movimiento de cabeza, pero pronto el cansancio empezó a hacer mella en el grupo. Elder iba el primero en la marcha, y detrás de él, con más dificultad Aikanáro y Rúmil. Finalmente el cansancio era ya demasiado para dar un paso más, y Aikanáro se acordó de el último día que habían dormido y que habían comido en condiciones... Expiró fuertemente, a la vez que se preguntaba como les iría a sus amigos. De repente, observó como Elder se tiraba al suelo jadeante, como presa de un hechizo que no le permitiera dar un paso más, y Aikanáro y Rúmil sintieron lo mismo, y tampoco tardaron en caer contra el suelo. El cansancio era tal, que tenían que parar a dormir. Pero antes de decir nada, los ojos de los elfos se cerraron presas del sueño en aquellas verdes praderas. Habían recorrido gran distancia y estaban en una de las orillas del Entaguas, pero el sueño les atrapo profundamente.
Rúmil tubo unos extraños sueños, en los que una bella elfa le invitaba a acercarse, pero cuando se acercaba, esta se convertía en un horrible espectro que le susurraba unas palabras que no entendía, pero que producía un signo de molestia y terror en él. Se levantó de sobresalto de la pesadilla, y al parecer Elder y Aikanáro no tuvieron mejores sueños, pues estaban ambos con la misma mirada de temor. Se levantaron en una extraña estancia, y de repente, creyeron que habían sido raptados.
-¿Habéis soñado lo mismo? Tal vez sea una especie de premonición…
-¿Dónde estoy? eres un Rohirrim, parece que ya estamos en Rohan-Dijo Elder extrañado y recordó su sueño; era un sueño embriagador, él estaba en un campo amplio con grandes montañas a lo lejos y una gran fortaleza blanca a sus espaldas, a su alrededor muchos elfos que le animaban y felicitaban, pero de repente se convirtieron en terribles criaturas que le asediaban, gritaban y amenazaban, todo estaba en llamas y se oían multitud de trompetas de guerra.
Pero en ese momento un rohirrim alto y de signos fuertes les dijo al entrar:
- Os hemos encontrado agotados en las orillas del Entaguas, y el sabio Gandalf nos ha dicho que erais miembros de una importante compañía que estubo aquí. Pero al parecer, no corristeis tanta suerte. La compañía se marcho hace un día con veloces corceles y aumentados en número por 2 bravos guerreros rohirrim, con dirección Gondor.
Sin más preámbulos los elfos comprendieron la situación y se miraron avergonzados, aunque era inevitable después de tener tal cansancio, pero sobre todo avergonzados por el fracaso de la misión.
-No pudimos hacer nada más, nuestra misión fue un gran fallo, pues hemos perdido a nuestro protegido y tenemos la culpa, me avergüenzo de mis actos que no dieron fruto alguno para intentar evadir la llegada de la muerte a Fernando; ¡Todo en vano! Buscaremos a la compañía allá donde haya ido, da igual el sitio, el tiempo o los males que nos aparezcan, todos unidos lo lograremos; ¡Vencimos y venceremos!- Dijo Aikanáro para levantar los ánimos.
Los rohirrim se encontraban festejando una gran victoria, y el fuerte rohirrim con rapidez les dio los caballos. Sin embargo, antes de eso, aceptaron y participaron un poco en la fiesta de la victoria (Se llenaron la panza comiendo y disfrutando de la música).
-Quiero brindar antes de partir sin mesura, por el gran trabajo realizado por todos vosotros, guerreros, mujeres, niños, ancianos, que habéis ayudado en la medida de lo posible a vuestra raza y a otras sin hacer reparos para libraros del peor mal que nos intenta gobernar, la oscuridad junto con los orcos; ¡Os felicito compañeros, pasadlo lo mejor que podáis, la noche es larga!- Dijo Aikanáro.
 Luego, habían hablado con un enano que parecía conocer a Dimas. Se alegraron  al saber que sus compañeros estaban a salvo, y que no habían fracasado. El Istari Gandalf (El cual a Elder le costó trabajo reconocer) les dijo que las noticias que llevaba Farahir eran muy importantes para el senescal de Gondor, y que ahora que había muerto Fernando, la situación se ponía más peligrosa. Ahora estaban con unos fuertes caballos, que no parecían mostrar signos de cansancio.
- El fuerte rohirrim nos dijo que si cabalgábamos sin descanso todo el día, les podríamos encontrar- Dijo Elder.
-Bueno amigos partamos cuanto antes, pues según el rohirrim podremos alcanzar a nuestros amigos si somos rápidos. Mi arco estará ahora en el fondo del río junto a todas mis flechas, así que estas lanzas nos vendrán bien, ya que veo que vosotros también andáis escasos de arcos y flechar, lastima que los perdiéramos… ¡pero aun conservo mis espadas cortas!- dijo Rúmil.
-Salgamos cuanto antes, Elder, ¿el rohirrim tendrá razón?, pronto lo sabremos, ¡cabalgaremos todo el día si hace falta! ¿Por cierto, cuál fue la última vez que dormimos y comimos en compañía de nuestros camaradas? Anhelo el día en que volvamos a repetir nuestra compañía entera en torno a la hoguera hablando, riendo y compartiendo la comida, que nos ha sido concedida para sobrevivir, de uno u otro lugar- dijo Aikanáro.
Acto seguido, los caballos blancos seguían corriendo sin mostrar signos de cansancio.
- Ya estoy más descansado- Dijo Rúmil- Las cervezas y la sabrosa carne de Rohan me ha llenado de energía, y han sido muy amables en darnos estas lanzas y nuevos víveres, aunque temo que nuestros arcos y flechas sigan en lo más profundo del río. Afortunadamente, nuestras demás armas siguen con nosotros.
- Bueno- Dijo Aikanáro que había dado un gran bostezo- Espero que no nos vuelva a suceder lo de quedarnos dormidos, ¿Por cierto, cuál fue la última vez que dormimos y comimos en compañía de nuestros camaradas?
-Si nos damos prisa podremos alcanzar el grupo, esta claro que lo que nos espera al llegar a Gondor es peligroso, pero juntos seguro que podemos superarlo. Aprovecharemos el buen hacer de estos fantásticos caballos y llegar a la altura de nuestros amigos. No esperaba llegar a estos extremos, tres elfos viajando a la tierra de los hombres de Gondor para ayudarles, si me lo llegan a exponer al principio de esta misión no lo hubiera creído- comentó Elder.

Los cuernos suenan en el abismo de Helm; cuernos de victoria. Adan cabalgaba con Dimas sin dejar Uruk a la vista, igual que los demás.
- ¡Baruk Khazad!, Khazad ai-mênu!- gritaba Dimas mientras a paso veloz avanzaba entre las líneas enemigas segando la vida de los últimos dundelinos que aún se interponían en su camino.
. Los Uruks se retiraron hacia el bosque de Ucornos, donde estos, le dieron su merecido.
- Fuertes y veloces sois como jinetes- les dijo Lanceloth- Si os he juzgado mal, perdón, al parecer Dimas incluso parece cabalgar mejor que yo.
El enano soltó una gran carcajada, y mientras Adan le dijo:
- Vinimos a ayudaros, gente de Rohan, pero también a que nos hicierais un favor. Tenemos una importante misión, y somos muy pocos, así que vinimos aquí en busca de mas valientes soldados que nos ayudasen y se unieran en nuestra causa.
-Sabed bien que habéis elegido bien- Dijo Lanceloth- Pues sois hombres valientes y nobles, me uniré a vuestra causa, pues ansió correr aventuras y conocer mundo.
Mientras Burzumgad le preguntaba a Abârmil cuantos Uruks había matado:
- Unos 20, no estaba muy inspirado- Dijo con una sonrisa.
- Yo unos 30, sin contar dundelinos- Dijo Burzumgad bien alto, a lo que Adan contesto:
- ¿30? yo unos 40, y eso que no he matado dundelinos.
- Yo os supero a todos, unos 52- Dijo el enano con orgullo.
- Bueno, yo unos 53, está claro que os he superado a todos- Dijo Lanceloth, con una sonrisa y el enano se quedo estupefacto- También aspiro grandemente participar en su misión. Solo deseo la paz de Rohan, y esto es lo mejor que puedo hacer para construirla. He hablado con mi señor Erkebrand y le he explicado la situación. No será difícil marcharme, pues he sido capitán por muy poco tiempo y por circunstancias fortuitas... pero... ya habrá tiempo de contarles mi historia...
- Bien, veré a ver si algunos de mis hombres quiere unirse a vuestra causa- Dijo Lanceloth, y enseguida vino con un joven rohirrim, que se llamaba Barin. Se presentaron:
-Hola camaradas, me llamo Barin, de Rohan.
Todos le acogieron con palabras de bienvenida y en ese mismo momento llegó Gandalf y le dijo a Abârmil mientras todos se separaban.
Burzumgad andaba entre un mar de cadáveres de cuernavilla cuando ve pasar a 2 hombres, uno pertrechado y anciano y otro muy flaco y alto.
- Ese es el rey Theoden, nuestro señor- dijo a mi lado Lanceloth - ¡Mira que porte, que temple!
-Ah ¿y el otro?- preguntó.
-El otro es un montaraz- me respondió Lanceloth.
-Ah, como Abârmil- le respondió Burzumgad.
-No, no. Este hombre tiene más abolengo...- sonrió Lanceloth- se llama....se llama
Un hombre paso por el lado de ambos e hizo que se quedara sin el dato.
Mientras, Abârmil y Gandalf dialogaban:
- Abârmil, ¿No os quedareis en Edoras para celebrar la victoria?
- No, tenemos mucha prisa Gandalf- Dijo Abârmil- Tu sabes todo lo referente nuestra importante misión, y sabrás los peligros que nos esperan.
- Muchos peligros- Dijo Gandalf- Sobre todo ahora que tendréis partir hacia Gondor. Las noticias que tiene el joven Farahir afectan directamente al Senescal, y será mejor que vayáis deprisa a comunicárselas antes de que sea tarde.
-¡Visitar la Ciudad Blanca! Iré encantado, pero dime Gandalf, ¿No debería ir con mi señor Aragorn que allí veo? Si mis ojos no están nublados por algún hechizo.
- Tu señor tiene asuntos importantes que no te atañen, Abârmil, debe buscar su destino, el tuyo no se encuentra a su lado, sino con tu amigo Farahir.
- Como ordenes, Gandalf, pondré en movimiento a mis compañeros de fatigas, que las estrellas te iluminen, Gran Mago. Adiós.
Mientras Dimas limpiaba su cota de mithril y su hacha, pero pronto su paz se perturbó.
- ¿Quién?, ¿quién ha dado el grito de guerra de los enanos?- profirió una voz, haciéndose paso apresuradamente entre Abârmil y Burzumgad, a quien miró un momento con sorpresa.
- ¡He sido yo, por Aulë!- gritó Dimas sorprendido, sin lograr ver aún quien hacía la pregunta por la multitud apiñada en las rampas de Cuernavilla.
- ¡Dimas, hijo de Thranios!, ¡esto si que es una sorpresa!, mi corazón se ha alegrado al escuchar tu grito de guerra- dijo por fin quien se acercaba al enano refiriéndose a las palabras de Dimasalang, que significan: ¡hachas de los Enanos! ¡Los Enanos están sobre vosotros!
- ¡Gimli, hijo de Glóin!, ven a mí, mi viejo amigo- exclamó aún más sorprendido Dimas al reconocer por fin a su viejo compañero.
Ambos se abrazaron y hablaron largamente. Por las nuevas de Gimli, el corazón de Dimas se entristeció al saber de la muerte de Balin, hijo de Fundin, en Moria, en donde había servido con él años atrás. En estas se acercó Abârmil para dar cuenta al enano de la salida del grupo, ahora con dirección a Gondor. Gimli y Dimas se despidieron dándose otro fuerte abrazo. Igualmente el segundo aprovechó para conocer a Gandalf, de quien había oído hablar desde años atrás.
Abârmil pronto le comunico la noticia hacia la compañía.
-Según Gandalf, debemos ir hacia Gondor, pues las noticias que Farahir tiene son muy importantes para su Senescal.
A Barin y Lanceloth los nuevos compañeros de aventuras, no pareció agradarles mucho la noticia de ir a Gondor.
‘’ ¿Ir a Gondor a dar un mensaje?’’  Lanceloth ‘’ ¿Un viaje tan largo, sólo para dar un mensaje, cuándo estas tierras se encuentran infestadas de orcos y dundelinos que nos atacan?’’
-Compañeros, no es lo que esperaba, pero estoy seguro de que la entrega de este mensaje debe ser tan importante como luchar en cualquier batalla, así que os acompañaré con el mejor de mis ánimos y pondré a vuestra disposición toda mi fuerza, y el conocimiento que tengo de los caminos que desde Rohan pueden llevarnos con mayor ligereza a nuestro destino- dijo Lanceloth.
Pronto, rápidamente y con tremenda prisa desaparecieron del lugar, a lomos de los exhaustos caballos. Los caballos empezaron a jadear y a cansarse.
- Mejor que acampemos a la noche, está atardeciendo, y estos caballos no pueden dar más de sí.- dijo Lanceloth.
- ¡Apoyo la propuesta! - Dijo Adan.
Finalmente pararon todos a las orillas del Nevado, preparándose para las guardias y para descansar, y no tardó Adan en expresar sus pensamientos:
- Habéis de saber que a parte de la libertad de los pueblos de la Tierra Media, un motivo más se une a mi misión -dijo Dimas-: la venganza de la muerte de Balin en Moria.
Todos y en especial a Abârmil le afligieron la noticia, pues era conocido en Eriador y era conocido como compañero difunto de Thorin escudo de Roble.
-Parece que el azar o la suerte nos manda cada vez más lejos de nuestros hogares y parece ya que nuestra compañía se ha dividido en dos. Recuerdo que los elfos de Lórien nos dijeron que volviéramos para hacer un concilio, sin embargo ese retorno es ya imposible y debemos continuar. Quizás nuestros amigos elfos y Fernando hayan llegado y debatido los importantes asuntos. Es nuestra misión comunicarle al Senescal de Gondor la información. Y sin embargo, Farahir no nos ha revelado dicha información obtenida en Mordor. ¿Tan importante es? ¿No podrías contarnos al menos en parte de que se trata?- tosió y siguió diciendo- Entretanto, me ofrezco voluntario para la primera guardia.
- También comparto la opinión de Adan. Creo que nos deberías avanzar algo de lo que conoces. Sangramos por ti en el campo de batalla, arriesgamos nuestra vida en multitud de ocasiones, arrostramos peligros sin cuento por rescataros, a ti y a Fernando con vida. Creo que estamos legitimados para pedirte cuentas, si ese es el parecer de todos. Podríamos sellar los aquí presentes un pacto de silencio tras escuchar tus palabras- dicho esto, prosiguió- Tras Adan realizaré la segunda Guardia. Mañana, con las primeras horas del alba deberíamos poner rumbo a Gondor, tal y como nos ha explicado Gandalf. Quizá alguien debería partir para Lórien para enlazar con nuestros compañeros y explicarles el rumbo a seguir. No hay tiempo para que todos regresemos a Lórien. Farahir debe explicar al senescal de Minas Tirith las noticias que conoce de Mordor.
Mientras Barin, quién había estado hablando en el viaje para familiarizarse dijo:
- Creo que, yo al ser un nuevo me quiero ganar su respeto así que acompañaré a Adan en la primera guardia.
Burzumgad le ofreció entonces tabaco a Lanceloth con el fin de estrechar amistad, pronto estuvieron los 2 fumando y este dijo:
Compañeros, ya que Barin y yo somos los mejores jinetes... ejem.... quiero decir... los segundos mejores jinetes- y le dio una palmada a Dimas en la espalda, recordando la gran habilidad que mostró en Cuernavilla a caballo- creo que somos los menos cansados, y quienes debemos hacer las primeras guardias – si estáis de acuerdo, claro está -. Así que, si Barin acompaña a Adan en la primera, yo haré la segunda con Dimas.... y Farahir, creo que podría acompañar a Burzumgad en la tercera...
Todos empezaron de repente a secundar la propuesta de que Farahir contará lo que sabía, aunque este se mostró reacio e incluso se enfadó.
- Farahir, ¿Tan importante es la información que tienes para que no se la comuniques a tus rescatadores?- dijo Burzumgad.
-He luchado mucho tiempo junto a ti, Farahir, y mis amigos y yo ya hemos sufrido muchas penurias por esa información que nos niegas. Puede incluso que nuestros queridos compañeros elfos hayan sucumbido por salvarte a ti y a Fernando, creo que merecemos tu confianza- dijo Abârmil.
Farahir se siguió molesto, pero en ese momento todo el grupo volvió a intentar interrogarlo, y finalmente a regañadientes cedió y dijo:
- Vale, os diré parte de mi misión. Aunque creo que ya os comunique parte de ella en Lórien, pues os dije lo del anillo. Pero ahora temo que estos secretos queden sepultados y que corramos mucho peligro, y os lo comunicaré para que si yo muero, podáis comunicarlo en parte al senescal. Os lo diré todo desde el principio hasta el final. Todo empezó como Abârmil recordara, cuando un elfo apareció para preguntar si había voluntarios para una misión especial. Debería haberme quedado en mi puesto al igual que Fernando, pues al suceder los hechos no me convenció nada la misión, pero afortunadamente, la cumplí. Los fuegos de Mordor se volvían a alzar, y en un concilio extraño de sabios, me dijeron que debía meterme en Mordor para obtener información. Lo que se suponía que solo iba a ser una miradita rápida, se convirtió en más de 3 meses de penurias, pues de Mordor es imposible escaparse, y cuanto más oía mas peligrosa se volvía mi existencia allí si era descubierto. Oí muchas cosas de los orcos, pero al principio nada que se saliera del caso. Pero pronto lo vi; el gran ojo que nunca duerme. Allí estaba, Sauron, y su torre de Barad-dûr reconstruida. Millones de orcos alrededor suya, así como la creación de varios trolls feroces; los Olog-hai. También vi como criaban algunas bestias aladas en algunas cavernas negras, y demás cosas horrorosas. Sauron había regresado y estaba listo para arrasar la Tierra Media. En cuanto vi ese horror con Fernando, intentamos huir, pero como Burzumgad sabrá, de Mordor no es fácil salir. Nos vimos atrapados, y escuchamos futuros planes de los arrogantes nazgûl; noticias oscuras que algunas desgraciadamente ya habréis visto, como la traición de Saruman. Pero también oímos algo sobre el asedio de M. Tirith, así como refuerzos del Harad y del Rhûn. Seguramente la mitad de las noticias que oímos ya habrán sucedido, como el asalto de Moria, pero debemos ir a M. Tirith antes de que sea demasiado tarde. Pero también oímos algo que nos sorprendió de bocas de los nazgûl, y era, de que si Sauron caía antes de acabar la tercera edad, un terror nuevo vendría a suplantarlo, un ser maligno del que Sauron solo era un aprendiz, y también oímos de extrañas profecías.
  Al acabar Farahir, la compañía guardo un terrible silencio, y cada uno se fue a dormir con una impresión distinta, y algunos como Burzumgad pensativos por lo del terror que suplantaría a Sauron. La primera guardia pasó sin incidentes, igual que la segunda.
-Noticias inquietantes, debemos llegar lo antes posible a Gondor para informar al señor Denethor –dijo Abârmil, y sus siguientes palabras fueron pronunciadas en un susurro a cada sílaba más inaudible-. Alguien más poderoso que Sauron, únicamente se me ocurre..., es imposible que Él pueda volver, que Eru nos asista.
En la primera Adan y Barin hablaron largo rato sobre las costumbres de su pueblo, y Adan le comentó lo que pensaba de que los consideraba parientes lejano, y también intercambiaron opiniones sobre lo dicho por Farahir.
De repente oyeron un ruido nocturno y a Barin se le escapó una maldición en su lengua materna.
-¿Qué has dicho?- Preguntó Adan interesado.
-Lo siento, solo era un insulto.
- Ya, se me parece mucho a la lengua de mi pueblo.
Barin me miró pensativo y comenzó a hablar en Rohirrim.
- Vale, vas muy deprisa, pero capto algunas palabras y estructuras, tu lengua se parece a la mía…
  El resto de la guardia la pasaron hablando cada uno su lengua materna e intentando descifrar al otro.
‘’Al fin de todo, mi corazón me llevo bien; pues conoceré gente sabia como Adan, y viviré aventura qué contaran todas las generaciones qué vivirá después de esta misión ‘’ Pensó Barin.



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