La Odisea de Elfenomeno

19 de Octubre de 2006, a las 12:16 - Entaguas
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La segunda con Dimas y Lanceloth, pasó tranquila y fumando en pipa, a la vez que comentaban lo dicho por Farahir.
-¿Que la sombra del este, contra la cual luchamos, es solo un mal menor? Me he quedado sobrecogido con esta noticia. ¿Acaso, Dimas, no hay esperanzas de paz? ¿Acaso estamos destinados a la guerra eterna y sin posibilidades de victoria contra enemigos superiores a nosotros?- decía Lanceloth al enano que le escuchaba con atención. Luego Dimas le contó grandes historias de su pueblo, del daño de Durin, del poderoso Valar Aulë que le dejaron asombrado, y luego Lanceloth le contó historias de su pueblo, de los eorlingas, de las constantes luchas con los dundelinos…
- Amigo Lanceloth –continuó Dimas mientras ofrecía más tabaco al hombre al paso que aspiraba su pipa- los Enanos somos un pueblo orgulloso y valiente. Y más de lo que piensan muchos, verdaderamente hospitalarios. Se habla, en efecto, del mal de Durin, de la codicia del Enano... ahora que yo he de recordar que fueron los elfos quienes forjaron los anillos que hoy en día siguen amenazando la libertad de la Tierra Media. Pero aún con esto reconozco valores imperecederos en este pueblo, amante de las letras y la música.
Al acabar la segunda guardia, Burzumgad le dijo una broma a Dimas por lo de la montura compartida, puesto que seguían compartiendo montura, ya que no tenían un caballo nuevo. Finalmente Burzumgad estudió a Farahir e intercambió palabras con Farahir, y le cogió cierto cariño, a la vez que acabó mejor informados que los demás.
-¿Que hay acerca de ese nuevo Señor Oscuro, ese que según tus palabras hace parecer mal menor a Sauron?
-Más de lo que os dije no se- le confió él -pero es fidedigno, pues lo oí de tus amos, los nazgûl.
-Terrible noticia. Aunque te suplicaría que no llames "mis amos" a los Espectros del Anillo. De ellos huí...
-Quizás el mal sea al fin derrotado, y los tuyos encuentren un sitio en este mundo, un lugar de paz- le dijo Farahir.
_Difícil será, en ese caso la lucha recién comenzará. Los míos deberán hacerse lugar entonces entre quienes no nos admite...
  Pero de repente, Burzumgad se alertó por un sonido extraño, y Farahir con asombro le dijo que eran mujeres rohirrim, cabalgando en caballos. Estas aparecieron rápidamente, y Farahir las detuvo cuando quisieron acabar con el orco. Las mujeres eran jóvenes y rubias, fuertes y delicadas, y cuando la compañía se levantó ante tal escándalo, quedaron asombrados frente a las 4 mujeres rohirrim que cabalgaban a su alrededor.
-¡Aguarda, señora! -gritó Farahir en tanto yo mantenía los brazos bajos e inermes- Este orco es nuestro amigo y compañero. Ya os referirá él mismo su historia...
En esos momentos sus brazos se alzaron haciendo gestos de paz, y con esto las cuatro muchachas parecieron calmarse
-¿Has visto lo que te dije? no es fácil admitirnos así como así- sonrió el orco a Farahir.
- Perdonad, si os hemos asustado. Somos mujeres del Folde Oeste, y los orcos nos asaltaron, y perdimos nuestras casas y todas nuestras posesiones, pero aunque hemos sabido que Saruman ha caído, sin posesiones, nos hemos visto obligadas a emigrar hacia M. Tirith. Yo soy Aradna, y mis hermanas son Laureth, María y Eva. ¿Decidme pues, quienes sois cabalgando por estas tierras?
- Somos una breve compañía que también partimos hacia Gondor, y un voto de secreto nos impide deciros nuestro fin. Sabed que no somos malvados, y que el orco es incluso más humilde que yo- Dijo Farahir- Si vais solas hacia Gondor, supongo que no os molestará que sigamos el mismo camino.
Aradna asintió con la cabeza, y sin más preámbulos observó como los demás se levantaban alarmados, aunque al verlas se tranquilizaron un poco.
-Tranquila Aradna, venimos de enfrentarnos a las tropas de Saruman en el Abismo de Helm, pronto las cosas en Rohan volverán a su cauce y tu pueblo gozará de paz, en esto se basa nuestra misión. Os acompañaremos hasta Minas Tirith y os serviremos en todo lo que haga falta, pero debéis saber que allí no encontraréis menos de lo que en vuestra patria habéis vivido- les dijo Abârmil, pues al parecer, habían sufrido un ataque.
Farahir les convenció a todos para que acompañaran a las rohirrim, pues no tenían muchas provisiones, y estás tenían grandes bultos en los caballos, cargados con la comida.
-Siguen nuestra misma dirección, ¡cabalguemos con ellas!- les dijo.
Sin más preámbulos, se pusieron en camino con las jóvenes rohirrim al lado. Estas tampoco parecían muy a gusto con su presencia, y Adan le dijo Farahir riéndose para sus adentros al observar que no les quitaba ojo:
- Deja de mirar a esas rohirrim y obliga a que tu caballo corra más rápido, quizás consigamos estar en M. Tirith antes de caer el día. Además, no creo que convenga que se den cuenta.
A Lanceloth este comentario le causó gracia, pues Farahir no era el único que las miraba, si no, el único que no disimulaba.
Para Barin de mientras, el viaje pasó rápido con una efímera conversación con Laureth a la que parecía conocer:
-¿Yo la conozco, mi señora?- Le preguntó quien le respondió con un dudoso "N...No".
-¿No es raro que no tengan a ninguna compañía que vigile sus fronteras? Se que por Rohan no entrarán muchos enemigos, pero aun así…- le dijo Adan a Abârmil, pensando en lo peor, que la guerra ya había empezado y que todos sus soldados estaban sitiados en Minas Tirith.
- Pues sí, amigo, creo que tus sospechas son fundadas, la guerra parece haber llegado ya al pueblo de Gondor. Pero no os preocupéis, su gente son descendientes de Númenor, sabrán hacer frente al enemigo, además nos tienen a nosotros.
-¡Compañeros! Pronto llegaremos a Gondor, pero no debemos descuidarnos. ¡No sabemos que enemigos podríamos encontrarnos acechándonos en cualquier improvisado escondite! Y entre mas alerta nos encontremos, ¡mejor batalla les daremos!- Dijo Lanceloth, quien al escuchar la conversación de Abârmil y Adan, se pensó lo peor y le dijo a Burzumgad en voz baja:
- Burzumgad, amigo… creo que tu poderoso olfato nos será de gran ayuda ahora, mientras, Lanceloth empezó a estar pendiente de su caballo; esos animales podían percibir el peligro antes que los hombres.
De pronto Eva, una de las Rohirrim exclamó:
-Mirad a las montañas, Gondor ha encendido sus almenaras pidiendo auxilio a Rohan.
Ante esa visión todos aceleraron el paso de sus cabalgaduras.
  Abârmil se acercó tímidamente a las cuatro rohirrim y les preguntó sobre la batalla que habían librado y su experiencia y habilidades en combate.
-No sabemos los peligros que puedan salirnos al paso y la colaboración entre todos es fundamental, mis señoras- les dijo.
- ¡Compañeros!-Avisó Dimas mientras los caballos pasaban a toda prisa por Anórien- hemos de estar muy atentos. Entramos en tierras de Gondor y no creo que reciban con los brazos abiertos la visita de extranjeros.
Mientras avanzaban, el Enano soñaba con vislumbrar la ciudad Blanca, de la que le habían hablado multitud de ocasiones. ¡Lástima que estuviese excavada sobre una montaña, no dentro de ella!
Los veloces jinetes elfos avanzaban sin mostrar signo de cansancio por las zonas de Rohan. A pesar de su rapidez, no habían visto a sus camaradas todavía. Se disponían a cruzar el Nevado por el puente provisional que habían hecho los rohirrim, pero antes, Elder observó unos cuerpos que flotaban el Nevado.
- ¡Mirad compañeros! ¡Cuerpos de Orcos en el río! ¡No son muchos, pero observad, hay algunos vivos intentando nadar!
Los elfos por un momento desenvainaron sus espadas por instinto, dispuestos a darles caza.
-Mirad ¡Hay orcos nadando en el agua! es mejor no perder el tiempo con ellos ya tendrán su merecido, los que se salven de la corriente claro.- dijo Elder.
Y Elder no se equivocó; efectivamente los orcos al verlos se ahogaron entre cansancio y elfos y los pocos vivos que intentaban cruzar jadeantes el río, se ahogaron.
- ¿Orcos en las cercanías de Rohan? Quizás hubiesen sobrevivido a las batallas y hayan conseguido escapar tirándose al río o corriendo como mejor pudieran. Aún así, no es certero lo que os digo, pues estoy confuso y me hace pensar lo peor; los orcos no moran estas zonas y no son lugares por los que no suelen merodear por esta zona, ni siquiera de vez en cuando...- dijo Aikanáro confusamente.
-Parecen que son muchos, si no observad las claras huellas que hay en la otra orilla... al decir por su aspecto se dirigen hacia Gondor. Tal vez vayan tras nuestros amigos…- Dijo Rúmil.

La compañía seguía avanzando ligeramente. Refrescados y alegres, el sol les daba en la cara y les bronceaba. Farahir seguía mirando a las rohirrim, y estas les dirigían miradas coquetas y se reían entre ellas. Barin seguía pensando en Laureth, pues le sonaba mucho, pero no recordaba de qué, lo tenía en la punta de la lanza...
-Es hacia allí ¿no? Minas Morgul, tu ciudad.- preguntó Adan señalando el este a Burzumgad, quién contestó afirmativamente, con aire nostálgico.
Lanceloth por su parte, miraba a las rohirrim con disimulo, pero María la segunda más joven y de rizos rubios, le descubrió y le dirigió una feliz sonrisa. A Burzumgad la compañía de las rohirrim no le preocupaba, pues mientras cabalgaban les había contado parte de su historia, y ellas se mostraron más convencidas, pero Laureth, la segunda mas mayor, le pregunto sobre las hembras orcas, y Burzumgad, no pudo evitar perderse en felices y tristes recuerdos sobre su ciudad; Minas Morgul.
-¿Que te sucede, guerrero de las tinieblas? ¿es que un poco de buen sol te aturde más que un ejército enemigo?
El tono era festivo y amable, y decidió deponer desconfianzas.
-tú lo has dicho ¡El resplandor pleno me está matando! te confieso que en estos momentos añoro las dulces penumbras de Minas Morgul, pero nada más que eso.
Laureth rió y cabalgaron algo más en silencio. Al fin volvió a mirarle
-¿hay entre vosotros mujeres? ¡y perdona mi ignorancia!
-No te preocupes, Laureth. No mucho nos conocen y bastante de lo que oigas acerca de nosotros los orcos son habladurías y palabras dictadas por el prejuicio: claro que tenemos mujeres e hijos. Ellas son...bueno, algo abundantes de caderas ¡Siendo tan prolíficas! pero las hay bellas a nuestro gusto, y algunas, con grandes ojos.
-¡Vaya!- rió Laureth - se diría que dejaste a alguna...
-Si - suspiré- se llama Marzdaph...confío en volver a ella... ¡y en el marco de una Minas Morgul liberada y sin opresores! ¡te revelo que toda esta inefable aventura lleva para mí su nombre!
- Oye- le dijo mientras Dimas a Adan- He observado que Aradna no te quita ojo de encima.
Adan ante tal comentario del enano, no supo como mostrarse, pero entonces dijo en voz alta:
- ¡Lo que yo daría por un caballo para darle a Dimas!- Pues seguían compartiendo la montura.
- ¡Es verdad, Dimas el excelente jinete de la marca!- Dijo Lanceloth, aunque el comentario causo risa aunque fuese verdad, sobre todo a Barin, que se imagino un ejército de enanos jinetes, y por supuesto, todos se caían de una forma humorística (todos menos Dimas, claro). Entonces, Burzumgad observó que Farahir tenía algo colgando del cinturón.
-¿y eso?- le dijo.
-Es un casco que me regalaron en Rohan- le respondió.
-Bah. Ganas de cargar cosas.
-Ya servirá - le sonrió él.
- Vive Aulë que hoy me siento feliz al ver como mis compañeros son diestros no sólo en el noble arte de la guerra, sino también en el de la galantería- dijo riéndose Dimas mientras el grupo seguía cabalgando entre miradas cómplices con las simpáticas rohirrim.
- ¡Mirad! ¡La bella ciudad blanca de M. Tirith! ¡Capital de Gondor, reino de los senescales! - Dijo Abârmil, y todos al verla sentisteis una alegría inmensa, un regocijo y felicidad, y en un movimiento rápido, alzaron las armas en señal de valor.
- ¡Por Ilúvatar!, - expresó Dimasalang- los hombres se aferran verdaderamente en llegar a los cielos mientras nosotros, los enanos, por el contrario optamos por adentrarnos en las profundidades del mundo. Singular pueblo éste de los gondorianos
- Esplendorosa ciudad, sin duda, en otro tiempo hermana de Minas Morgul- apostilló Burzumgad.

El silencio acompañó las palabras de Rúmil, pero el grupo siguió avanzando rápidamente y sin descanso pasada la incertidumbre provocada por los orcos. Atardecía, cuando pasaron por un lugar en el que había indicios de campamento. Todos se alegraron y sonrieron al imaginarse que la otra compañía ya había ido hacia M. Tirith, así que Elder dirigió las mentes con sensatez:
- ¡Avancemos rápido compañeros, está claro que se dirigían hacia M. Tirith, si no descansamos, por la noche estaremos con ellos!- Dijo Elder, y todos aceptaron con un movimiento de cabeza, y Rúmil añadió:
- ¡Tienes razón Elder! Ni nosotros ni nuestros caballos estamos cansados, me alegro de que los rohirrim nos ofrecieran estos caballos tan fuertes y acostumbrados a las largas distancias. ¡Avancemos rápido como dices!
-Marchemos cuanto antes a M. Tirith, estoy deseoso de volver a ver a nuestros camaradas y compañeros de viajes, quiero volver a compartir unas risas con Dimas, preguntar curiosidades a Abârmil, conversar con Adan y Burzumgad y conocer a esos dos nuevos acompañantes rohirrim que han decidido luchar por la misma causa que nosotros y defender del mal oscuro a todas las razas que viven en la Tierra media- les dijo Aikanáro, perdiéndose en las hazañas hechas con sus amigos.

Los centinelas les abrieron con frialdad, sin dirigirse a ellos, pues estaban bastante decaídos. Entonces Farahir en un movimiento rápido, le puso el casco a Burzumgad que le tapaba casi toda la cara, cosa que estaba un poco justificada pues el senescal era muy desconfiado.
-¿Ves para que sirve esto?- le dijo, al verle con el casco que le tapaba completamente la cara.
 Entonces, Farahir dijo a los demás:
- Temo que solo uno pueda acompañarme, Abârmil, creo que serás el perfil mas adecuado para ir hacia el general, con los rohirrim Lanceloth y Barin para afirmar la ayuda de Rohan, los demás...
Farahir no terminó la frase y dejo a Dimas, Adan y Burzumgad solos. Estos acompañaron a las rohirrim charlando por la ciudad. Aunque como supieron después, Abârmil, Barin y Lanceloth no se les permitió cruzar la puerta. Cuando Farahir salio de la casa del senescal iba lanzando maldiciones, enfurecido. Antes de cualquier pregunta les explicó:
- ¡Ha dicho que Gondor es segura y que esos son cuentos de viejas! Todo el viaje, todas las pesadillas, para que ahora el senescal me diga tan tranquilo:
Joven, aunque supe de tu misión, lo más probable es que fracasaras en ella y todo eso te lo hayas inventado.
Intentaron otra vez a hablar con el senescal, pero los soldados les denegaron el paso.
Finalmente Abârmil, Barin, Lanceloth y Farahir encontraron a Dimas, Adan y Burzumgad en una posada, que tenía pinta de cómoda. Estos estaban divirtiéndose bebiendo cerveza, y aunque cuando comunico Farahir el caso que le había hecho el senescal, supieron, que tarde o temprano, tendrían que volver a luchar.
-Esperaba encontrarme otra cosa, ésta era la ciudad más bella de la Tierra Media, pero ahora la veo oscura, taciturna, esperando un fatídico destino. Quizás pueda hablar con mi amigo Durhil, un montaraz de Ithilien, el podrá informarme de la verdadera situación- dijo Abârmil.
En ese momento Dimas quien estaba de muy buen humor:
- Bueno... está claro que el senescal nos ha fallado, pero al menos hemos cumplido la misión; le hemos comunicado el futuro de M. Tirith, pero no creo que esta maravilla caiga- Acto seguido soltó un gran anillo de humo, y prosiguió- ¡Ahora descansemos, bebamos y comamos!

Avanzaban los elfos más veloces ahora que nunca, y los caballos cortaban el viento. Pronto, entonces, la vieron; M. Tirith, orgullo de los hombres, Capital de Gondor, la ciudad blanca. Tenía una belleza increíble y todos al verlas les invadió un halo de felicidad. Los caballos, ya jadeantes llegaron a las puertas de M. Tirith y los centinelas les dieron la bienvenida algo entristecidos:
- ¿Y Osgiliath? ¿Qué ha pasado con ella? Mi vista de elfo no logra distinguirla entre tanta oscuridad.
- Osgiliath... Se está perdiendo poco a poco... hace días el enemigo la hostiga y nuestros espías nos informan que pronto saldrá un ejército de Minas Morgul... - Contestó el centinela de la muralla, sin dejar de mirar con aire trágico hacia Osgiliath.
Paseaban por las calles de la ciudad, y el cansancio empezó a hacer mella.
-Creo que deberíamos dejar descansar a los caballos, se lo han merecido, allí hay unos establos.- Dijo Elder.

Todos tenían cierto pesimismo, y no aceptaron de buena gana la propuesta de Dimas. Pero pronto empezaron a beber la espumosa cerveza y masticar los jugosos muslos de pollo, se llenaron de alegría. Dimas le tomó el pelo a Burzumgad diciéndole que era el único orco de toda la ciudad.
-¿Y que hay de los herederos de Durin? no veo a ninguno más que a ti...- le respondió el orco riendo también…
- ¡Por fin podremos tomarnos unas buenas jarras de cerveza!- exclamó Adan.
- Estimado Burzumgad, ¿aceptáis compartir conmigo el último tabaco que me queda de los jardines subterráneos de Erebor?- invitó Dimas al orco.
- Será para mí un placer, maese enano- afirmó el orco mientras sacaba del zurrón su inconfundible cazoleta.
-Hacía mucho tiempo que no me sentía tan relajado, aunque creo que esta sensación no durará mucho- dijo Abârmil, fumando tranquilamente en su pipa, y aprovechó para contar su primer encuentro con Gandalf- Él iba en una carreta tirada por un pequeño caballo y yo me lo encontré de frente mientras iba en busca de mi señor Halbarad. Le ofrecí mi ayuda, pues un viejo en carreta me parecía una víctima fácil para el cada vez mayor número de lobos que merodeaban la zona. Entonces levantó su cabeza enseñándome unos ojos de profundidad insondable y con una fuerza inconmensurable y me dijo: "Demasiado tiempo has vivido rodeado únicamente de los tuyos, Abârmil, hijo de Abârtharon, sobre tu hado planea la gloria conjunta, cuando encuentres a Halbarad, dirígete al elfo Galdor y dile que Gandalf te manda, puede enseñarte mucho, como el respeto y el aprecio por el resto de las razas de este mundo."
Hice lo que me dijo y conseguí trabar amistad con otros hombres como en Bree o Rohan, con altos elfos y con muchos enanos que por aquel entonces viajaban mucho por Eriador, tales como Balin.
Quién me iba a decir que con los años acabaría formando parte de la compañía más variopinta jamás formada. Estamos haciendo historia, hermanos de armas, lograremos la gloria, como me dijo Gandalf, no os preocupéis, lograremos el triunfo. ¡Brindemos por ello camaradas!
Mientras, Dimasalang le susurró a Adan:
- Oye Adan, Aradna no te quita ojo de encima...
Adan esta vez se mostró un poco molesto, pero le hubiese gustado tener una conversación con la rohirrim, para saber si eran parecidas a las mujeres de su pueblo, pues al fin y al cabo, en la lengua no eran tan diferentes.
- Dimas, tampoco bebas mucha cerveza...- Le replicó Adan, aunque luego volvió a estar riendo y tronchándose de risa al oír como el enano empezaba a cantar.
FUE REY EN UN TRONO TALLADO, Y EN SALAS DE PIEDRA DE MUCHOS PILARES, Y -RUNAS PODEROSAS EN LA PUERTA, ERTA, ERTA, ERTA.....- cantaba Dimas mientras no dejaba de aplaudir.

Entonces, los elfos, cansados en una taberna con intención de intentar encontrar a sus compañeros de aventuras, ya, amigos. El asombro y la alegría les llenaron cuando les vieron sentados en la mesa bebiendo cerveza, riendo y charlando.
- Mirad- gritó el enano señalando a la puerta de la posada- sino fuera por la abundante cerveza que riega mis entrañas juraría que los que están en la puerta son nuestros amigos elfos.
- ¡Elder, Rúmil, Aikanáro!- dijo Abârmil.
Burzumgad, Dimas, Adan y todos los compañeros presenten se lanzan hacia ellos con júbilo. Antes de que dijeran cualquier cosa, Rúmil inquieto, dice a Abârmil:
-¿Y Farahir? ¿Dónde esta?
- Está ahí en esa mesa- Dijo Abârmil señalando, y los elfos vieron como Farahir estaba en una mesa charlando con unas 4 bellas mujeres rohirrim- Esta vivo ¿Y Fernando?
-Los siento amigo –dijo Rúmil con cara de angustia- pero Fernando murió dando su vida por salvar la mía y la de otros tantos elfos que murieron en una guerra que se produjo en Lórien. También he de decirte que Broceliande y Erwin cayeron en batalla. Fue algo muy trágico. No conseguimos salvar a Fernando… lo siento mucho. Veo que nuevos camaradas rohirrim se han unido a nuestra causa, me alegra.
La noticia de que Fernando había caído en combate defendiendo Lórien les invadió por dentro a todos. Todos hicieron un minuto de silencio y la bienvenida se paró momentáneamente.
-¡Me alegro de volveros a ver compañeros, ya sois como hermanos para mi, inolvidable todo lo que hemos pasado juntos! ¿Qué tal estáis todos amigos? Ya veo que Farahir no pierde el tiempo en esta taberna, todo son alegrías por el momento… Nosotros lo hemos pasado algo mal por las distancias que nos han dividido, pero aquí nos veis, ¡vivos y coleando!- Cortó Aikanáro, feliz por verlos a todos de nuevo- Por cierto, veo nueva gente en el grupo, ¡encantado estoy de conoceros Lanceloth y Barin de Rohan!
-Es una alegría al fin poder veros a todos de nuevo en un lugar mucho más agradable y seco. Burzumgad ¿qué nuevas ideas has tenido estos días?, y Dimas como buen enano disfrutando de la bebida.- dijo Elder.
Mientras, Elder, Rúmil y Aikanáro se quedamos atónitos por lo sucedido con Farahir ante el senescal, Abârmil y Farahir se juntaron para compartir la amarga pena de su amigo y compatriota muerto, mientras el resto meditaba en silencio acerca de lo sucedido y sobre como amenizar el ambiente sin sumirse en un lago de penas. Los elfos fueron conociendo con lentitud a los rohirrim y los nuevos de la compañía. ‘’Ya somos nueve, y cada vez estábamos más hermanados’’ pensó Aikanáro. Pronto salió en la mesa la opinión de defender Minas Tirith, y Dimas intentando minimizar el hecho dijo:
- Esta maravilla de ciudad no puede caer- dijo- ¡comamos y bebamos!- pero seriamente continuó- El viaje no ha terminado aún, Broceliande, que en paz descanse, nos explicó que lo más sensato era plantar cara al enemigo aquí, último bastión en condiciones de hacer frente a las fuerzas de Sauron. Quizá deberíamos hablar con algún capitán de la ciudad y ofrecerle nuestra ayuda dada la insensatez del senescal.
Y Abârmil no dudo:
-Bueno compañeros, ahora que nos hemos reunido de nuevo, y una vez cumplida nuestra misión debemos decidir si volver a nuestros hogares o nos quedamos aquí para defender Minas Tirith de la embestida enemiga. Yo por mi parte elijo esta última y creo que todos haréis lo mismo, pues sé de vuestro valor. Por ello propongo que nos pongamos a las órdenes de Boromir, hijo del Senescal y encargado del ejército gondoriano, él nos indicará el mejor lugar para ser útiles.- dijo Abârmil.
-¡Yo me quedó!, no me hace falta pensar nada, defenderé a la raza que haga falta ante tal mal, si me voy puede que por falta de gente esto caiga y si esto cae, el resto de ciudades caerán tan rápido como las hojas caducas del otoño; ¡y eso no lo voy a permitir jamás! ¿Rúmil, qué opinas? Espero que estés de acuerdo, no hace falta meditar tal decisión, es algo crucial que no debemos pensar, ¡sin riesgo no hay méritos!- opinó Aikanáro.
-Mi casa queda cerca de estas tierras, si Minas Tirith cae ahora las demás regiones quedarán indefensas ante Sauron, yo no puedo quedarme de brazos cruzados y volver a mi reino a esperar a que lleguen los ejércitos del señor oscuro y acaben con mi pueblo. Todos tenemos una responsabilidad aquí y el deber de luchar, nosotros tenemos la fuerza y el poder en nuestras armas para acabar con la oscuridad, yo digo aquí...Minas Tirith tiene una espada más de su lado- opinó Elder.
-¡Bien amigos luchemos! ¡Aquí y ahora! Si esta ciudad cae los demás iremos detrás como bien habéis dicho todos, así que este es el momento de plantar cara a Sauron y dar fin a su oscuridad. ¡Amigos yo me quedo también a defender no solo Minas Tirith, sino toda la Tierra Media! ¡Juntos venceremos a Sauron!- dijo Rúmil, quién susurró a Elder- Elder, como bien nos dijiste antes de entrar en la ciudad blanca, ellos suministraban armas a tu pueblo, ¿no? Entonces busquemos la armería y consigamos unos arcos para nosotros y Aikanáro, nos serán muy útiles de gran necesidad.- Seguidamente dijo a los demás- ¡Bien amigos preparémonos para la defensa! Hagámonos con nuevas cotas de malla, afilemos nuestras espadas, recarguemos nuestros carcaj de flechas y busquemos un capitán gondoriano al que prestar nuestros servicios para la defensa. ¡Adelante!
- Mi hogar es y será Minas Morgul, pero a él no volveré mientras la sombra de Sauron la cubra....yo lucharé aquí, en Tirith- dijo Burzumgad, advirtiendo que no solo sus amigos aplaudían su decisión.
-Estoy de acuerdo. Si Minas Tirith cae, todos los pueblos al oeste caerán, uno tras otro, y la sombra no se detendrá hasta cubrir toda la tierra media. Es aquí y ahora donde debemos luchar.- dijo Lanceloth, mirando a los elfos, con quiénes ya había conectado.
- ¡Yo también me uno a la idea de luchar por Gondor! ¡No podía ser menos!- dijo Barin.
Tras estos bellos discursos, Adan decidió que era el momento oportuno para sacar mi arco. Lo había llevado durante todo el viaje, sin usar su segunda utilidad. Todos se sorprendieron al verme sacar el arma pero les tranquilizó:
-¡Tranquilos amigos! No es lo que pensáis, pues este arco además es también un instrumento musical.
Todos miraron boquiabiertos como añadía cinco cuerdas más al arco y ponía en su parte inferior una caja de resonancia.
-Una de las pocas cosas buenas que nos dejaron los Aurigas; se llama Kithara y es un instrumento muy popular entre mi gente y además tiene una doble función. Y ahora si me permiten, tocaré una vieja tonada del Valle que sin duda sabrá Dimas si el alcohol no le ha hecho olvidar algo más que las penas- aclaró Adan.
Comenzando a tocar y pronto todos se unieron a coro:

Si bajo Erebor vas,
allí encontrarás
al valiente pueblo de Girion.

Aliados somos de,
el rey enano que
sobre la ricas minas manda.

Sí, somos la gente de Girion,
Sí, bajo Erebor.



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