Una Aventura Inesperada

07 de Mayo de 2003, a las 00:00 - Turgon
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Prologo

     Este relato narra los sucesos acontecidos en la Tierra Media durante una noche de primavera en la cuarta edad del sol, tiempo en que los elfos ya no merodean por la Tierra Media, los hombres cuidan de esta y los hobbits se ven cada vez menos. Se empiezan a esconder de los hombres.

     Estos sucesos le acontecerán a un hobbit llamado Faldor Gamyi. Descendiente directo de cientos de años del ahora legendario
Samsagaz Gamyi1. Tiene cualidades bastante peculiares e incluso excepcionales para un hobbit de esa familia, o incluso para cualquier hobbit. Tiene interés por las letras, maneja un vocabulario muy versado y goza de una excelente redacción al escribir. Sólo comparable con un hobbit, el ya prácticamente olvidado Bilbo Bolsón.

     Este hobbit mantiene algunas de las características de su ancestro Sam. Su curiosidad por lo desconocido; criaturas, razas. Su interés por la naturaleza y su cuidado con ella.

     A este joven hobbit le ocurrirá una de los más fantásticos sucesos que le podrían haber acontecido. En un paseo en la noche por el campo, descubrirá a una princesa élfica bailando a escondidas. Una elfa que pidió permiso para volver sólo por una noche a la Tierra Media, ya que la extrañaba de sobremanera.

     La princesa descubre a Faldor y hace como si no, pero le deja un regalo que le cambiará la vida por siempre.

     El texto a continuación el mismo Faldor lo escribió, con la intención de plasmar eternamente la maravillosa aventura que le sucedió.




Una Aventura Inesperada

     Y ella estaba allí, bailando bajo esos gigantescos robles inmemoriales, la lluvia caía sobre ellos como cantando la bella melodía que la hermosa doncella bailaba. No era una lluvia cruda ni feroz sino que era una lluvia suave, que impregnaba todo con un resplandor de plata. Caían sus gotas suavemente sobre las hojas de los robles y resbalaban lentamente por ellas hasta caer y perderse en los hermosos cabellos de aquella dama. Yo estaba escondido entre los matorrales y observaba toda la acción, era una noche muy oscura, iluminada únicamente por el resplandor de los ojos de aquella mujer, que eran aún más bellos que las estrellas en el cielo oscuro2, que esta vez se escondían tras los gigantescos árboles. Jamás sentí alegría igual en mi corazón como en aquella ocasión.

     No podría decir con exactitud que edad habrá tenido aquella bella dama, pues a pesar de tener un rostro joven y lleno de energía, irradiaba sabiduría, parecía haber vivido mil años, sin envejecer siquiera un poco, tal vez mi concepto de tiempo a ella no le afectaba, o era diferente, no tenía edad. Era muy alta, con su cuerpo erguido parecía ser solo un poco más baja que los gigantescos robles. Su piel era más blanca que las más pura leche y contrastaba con sus hermosos, largos y oscuros cabellos negros impenetrables. Sus ojos eran azules y parecía tener plasmados en ellos el mar, como si lo hubieran estado contemplando durante incontables horas y además, como ya les he contado, brillaban como la luz de las estrellas.

     La naturaleza parecía acompañarla en su encantador baile, moviéndose al compás de sus pasos, los pastizales le acompañaban en su constante movimiento, al igual que las flores a su alrededor, incluso el viento parecía cooperar con un hermoso y permanente silbido. Me hizo recordar aquellos personajes de las hermosas y fantásticas canciones que mi abuelo me solía cantar, siendo yo aún un pequeño niño, ya tenía yo la impresión de que aquellos mitos eran algo más que simple imaginación, como pensaba la mayoría de la gente, que también creía que mi abuelo se había vuelto loco3. Yo creía que eran verdad.

     De pronto la hermosa princesa comenzó a cantar, cantaba en una lengua extraña, que a pesar de que yo desconocía, igualmente me parecía bella, muy bella. Su voz era dulce como la miel y me sometía a una especie de hermoso encantamiento, no podía creer que el maravilloso espectáculo que estaba presenciando fuera verdad. En ese momento no era necesario que mantuviera los ojos abiertos, pues tan sólo con escuchar esa voz hubiera sido capaz de dibujarla en mi mente e imaginar sus pasos bailando casi a la perfección. A pesar de ser esta una lengua desconocida para mí, podía entender la idea de la letra, hablaba de tierras lejanas, de cosas divinas. Era una canción de esperanza.

     Después de estar observando durante muchas horas este encantador espectáculo y cuando parecía que iba a comenzar a amanecer, algo muy extraño sucedió, de pronto todo se hizo silencio y oscuridad, parecía como si el tiempo se hubiera detenido, no podía ver ni escuchar ni oler ni sentir ni tocar nada. De repente, en medio de aquella exasperante oscuridad, o mejor dicho, en medio de esa exasperante nada, vino un resplandor de luz que lo iluminó todo, un relámpago. La hermosa doncella ya no estaba allí y en su lugar se alzaba una hermosa y solitaria flor, de pétalos color verde claro, la flor más bella y hermosa que he visto y que veré jamás en mi vida. Ya amanecía, me acerqué, la olí y olía como al aroma de todas las flores juntas, el olerla llenaba mi vida de alegría y esperanza. Además, resplandecía, iluminaba a su alrededor.

     De ese día en adelante visité a la flor todos los días y todas las noches, cada vez que la veía me sentía aún más feliz; llenaba a mi vida de gozo. También me hacía recordar la noche del suceso y podía recordar a la hermosa dama bailando bajo aquella suave lluvia y bajo los mismo robles que aún se encontraban allí. Sin embargo, siempre esperaba volver a verla algún día, verla llegar con su majestuosa y a la misma vez humilde y sublime figura a bailar bajo la lluvia, el más hermoso baile, al compás de la más maravillosa de las melodías.



1: Después de haber pasado tanto tiempo desde la guerra del anillo, los antiguas hazañas (como las de Bilbo y Frodo Bolsón) han ido siendo olvidadas por los hobbits, solo las recuerdan las antiguas canciones que ya nadie cree mucho. volver

2: Durante este periodo (la Cuarta Edad del sol), las estrellas han ido perdiendo su belleza y mística. Los ojos de esta bella princesa élfica, en cambio, aun reflejan la luz de las primeras estrellas de Varda. volver

3: El abuelo de Faldor era de los que aún creían en las antiguas hazañas que narran las canciones. volver



José Miguel Diez Ihnen
"Turgon"




   
 

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