La Odisea de Elfenomeno

19 de Octubre de 2006, a las 12:16 - Entaguas
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Prólogo

 El final de la Tercera Edad fue una edad oscura, donde compañías vagaban por la tierra media con misiones muy peligrosas y arriesgadas. Era el tiempo de que los valientes salieran y cumplieran verdaderas hazañas. Los elfos desconfiaban y se marchaban de la tierra media, el poder de los hombres se debilitaba y los enanos se escondían en sus cavernosas cuevas. Y en esa edad el enemigo cobraba fuerza, y Sauron, resurgía de sus cenizas, la torre de Barad-dûr volvía a edificarse, los orcos crecían y las demás criaturas del enemigo se preparaban para el ataque final. En estos tiempos, a una extraña compañía le encargan una misión de rescate, pero en cuanto los sucesos se van sucediendo, la misión parece muy peligrosa para ser solo un rescate...


LA ODISEA DE ELFENÓMENO: LOS MERCENARIOS

Algunos eran mercenarios y otros habían venido por propia voluntad, pero lo que estaba claro es que todos querían salir del terrorífico bosque negro. Burzumgad el orco se atragantaba con la comida élfica, y a punto estuvo de vomitarla, no le sentaba muy bien. Los elfos le miraban con desconfianza, pues él era un orco, y no se fiaban de él. Hacía meses que había oído a unos enanos que en el bosque negro había un grupo de orcos desertores, pero seguramente le habían engañado, aunque afortunadamente consiguió que los elfos del bosque le alistaran como mercenario. No era una vida buena, pero al menos tenía más esperanza allí. Medía sobre 1`70, lo que era bastante para un orco común, y bastante delgado. Llevaba una pequeña melena que le colgaba por debajo de los hombros, de un color ceniciento. No era cruel, a diferencia de toda la mayoría de su raza no amaba la guerra, y la mayoría de la gente eso lo veía raro, ya que era un orco. ¿Un orco del bando de la luz? Sí, ese era Burzumgad, un orco con un iris rojo que veía en las tinieblas, y con un excelente olfato, quizás un modelo orco a seguir. Antes un joven elfo le había acogido como mercenario, y al final se había convertido en un desesperado proscrito, al que los elfos le trataban muy mal, peor que cualquier mercenario. Y ahora ese tantas veces mencionado jefe elfo Thranduil le había convocado con sus mejores guerreros para quizás mandarles una misión al grupo que seleccionara. Su lema: ``Ya comprenderán``...

Rúmil Är-Feinield no era un mercenario como ese orco que estaba sentado en la mesa, que estaba   intentando degustar la comida élfica. Estaba de camino a Lórien cuando oyó algo de un rapto, y se entonces marchó rápidamente a el bosque negro, pues era un aventurero, vivía de la aventura y nunca se cansaba de ella. Era un elfo de cabellos largos y rubios, de una estatura normal entre su raza, unos ojos azules, tez pálida y mirada seria. Era muy sabio y anciano pese a su mirada joven, tenía unos 4000 años. Tenía una vista muy aguda y era muy rápido en el manejo del arco, y era uno de los primeros pobladores de un reino antiguo llamado Ianna, ``los Antiguos``. Era muy amable y hacía rápidamente amistades, pero necesitaba conocer muy a fondo a la gente. Estaba vestido con unos tonos marrones y verdes para camuflarse en los bosques, botas de marrón claro, cota de malla, chaleco corto en verde claro, pantalones oscuros en verde oscuro, con capa y capucha élfica en tonos verde forestales y grises. Cuando marchó al bosque dejó el reino que compartía con un amigo a cargos de un regente: Amlach. Miró a su alrededor y se sorprendió al mirar un elfo conocido; Aikanáro Telrunya.

Aikanáro comía y saboreaba la comida élfica de los elfos de allí. Hace días marchaba hacia Gondor, deseando encontrarse con un viejo amigo, pero se enteró de que habían raptado a 2 montaraces en un angosto camino, y en cuanto se informó mejor, partió hacia el bosque negro, pues al igual que su aventurero Rúmil, era un aventurero. Él era un elfo de corto cabello castaño diferenciado del resto, de estatura normal entre los elfos, tirando a alto con ojos azules verdosos, de cara blanca con piel tersa; con fuertes brazos y piernas acostumbradas a recorrer largas distancias; tenía más de 3500 años. Era audaz y astuto pese a su apariencia de joven, ágil, con gran vista y una fuerza anormal con sus espadas y el perspicaz manejo del arco. Gran temerario y aventurero, uno de los primeros pobladores de Ianna(los "Antiguos") junto con su compañero Rúmil. Era inquieto, sabio y pensativo, pero a la vez atrevido y valiente, inspira confianza, simpático y sincero; con grandes amigos por todo el mundo y agradable de conocer. Su forma de vestir era en tonos verdes y azulados oscuros para ayudarle a camuflarse en los densos bosques y las oscuras tierras; lleva botas de color negro hasta el inicio de los gemelos, cota de malla para su protección, chaleco corto en marrón claro, pantalones algo ajustados y bien revestidos en azul oscuro, con una capa a medida de su cuerpo y capucha élfica en un tono de verde bosque y gris.

Un montaraz observaba miraba reservado a todos los elfos y demás seres de la mesa, había orcos y incluso un enano. Serían seguramente mercenarios, aunque otros habrían venido por pura invitación. El montaraz era Abârmil, y en su tiempo perteneció a los selectos Dúnadan del norte, pero ahora una leyenda siniestra le rodeaba, había vagabundeado por la tierra media y una historia de deshonor y secreto le perseguía donde fuese. Tenía una pequeña melena negra rizada que caía sobre sus anchos hombros, un rostro blancuzco y unos penetrantes ojos verdes oscuros; era reservado en el habla y a menudo prefería  oír el sonido de la naturaleza que la voz de alguno de sus semejantes. Soporta una gran carga emocional por la muerte de su padre y por el amor que siente por una mujer elfa. Tiene miedo a perder a sus seres queridos, lo que le lleva a no desear confraternizar con la gente. Si bien, nunca dudaría en proteger o ayudar a cualquiera que necesitara auxilio. Y hay estaba él, pues había oído algo de un rapto de uno de los suyos, ``Intolerable`` se dijo, y no dudo en ir hacia el bosque negro a meterse en esa misión, incluso se le pensó por la cabeza que quizá al rescatarle recuperaría el orgullo. Allí estaba, en esa extraña cena con mas aún extraña gente, y allí estaba presenta el mismísimo Thranduil, el rey elfo.

Un alto elfo de los Noldor comía relajado, observado a todos los comensales de la mesa, pensando en quiénes serían sus compañeros para su cena. Se llamaba Elder y tenía unos 2061 años de edad, tenía unos cabellos dorados t como el oro puro, sus ojos son de color azul, era diestro y tiene una complexión fuerte como la de un ogro. Llevaba una cota de malla, encima de una camisa blanca, regalo de sus antepasados; una mochila donde lleva libros para leer en sus ratos de descanso, capa negra con capuchón incluido para pasar desapercibido, pantalones y botas. Se maneja bien con espada larga y proyectiles (arco y ballesta), su espada se llama Eldering y no lleva escudo. Era noble con la gente de buen corazón y no acepta las injusticias, es un personaje impaciente que no le gusta esperar cuando se presenta una ocasión para la aventura. Era un apasionado de la lectura y la escritura. Era un gran viajero que había visto multitudes de  tierras convulsas por la guerra y la desesperanza, sus orígenes provienen de una pequeña región al noreste de Gondor llamada Bealfast del que es Rey con plenos poderes. Allí creció bajo el seno de una familia de buen linaje donde aprendió las bases de la justicia y el respeto, hasta que decidió partir y conocer mundo, luchando en gran cantidad de lugares y contra diversos enemigos. Ahora había luchado como mercenario en el bosque negro, pues además se había enterado de algo sobre el rapto de unos montaraces, lo cual le interesó, y por eso estaba en esa cena, aunque los elfos del bosque no le habían tratado muy bien, le encantaba la aventura, y tal vez sería su oportunidad para salir de ese bosque, pues ahora al parecer los elfos le obligaban a quedarse como mercenario fijo.

Una beórnida jugueteaba con la comida pasándosela de mano en mano, pues la comida no parecía tener buena pinta, aunque había un elfo silvano de cabellos rubios y uno bastante alto que les encantaba. Su nombre verdadero era Arodbern, aunque los elfos le bautizaron con el nombre de Adan Eädur. Tenía el pelo abundante de un color castaño. Barbilampiño y ancho de espaldas pero no era muy alto. Muy amigo de los enanos de Erebor y había tratado con los elfos de Lórien. Llevaba una camisa negra sujeta con un cinturón, encima de esta llevaba un protector de cuero marrón y trazos verdes para camuflarme en la floresta o una cota de malla para misiones más peligrosas. De profesión se dedicaba a despejar los caminos del Bosque Negro de enredaderas, arañas y algún que otro trasgo. De armas llevaba una espada adecuada a mi trabajo además de un arco bastante largo que oculta algunas sorpresas... También había hecho algunos viajes como embajador de los Hombres del Bosque (aunque ahora nos gusta llamarnos Beórnidas). Era amable y simpático, aunque suele ser callado y a veces reservado. Le gustaba muchísimo viajar y estar en contacto con la naturaleza. Por norma general parecía bastante pacífico, pero en los tiempos que vivimos si no manejas un arma te liquidan. Veneraba a la naturaleza, y por tanto a Yavanna.
Actualmente, había venido por orden de su señor Grimbeorn para participar en una misión de un rapto de unos montaraces, aunque al parecer los compañeros que tendría en su misión serían muy extraños...

Un enano de 1`40 de gran barba grisácea observaba a todos los compañeros de la mesa, mientras comía con sorpresa la comida élfica, que para su asombro le parecía deliciosa. Tenía unos ojos verdes con los que inspeccionaba a todos los comensales, entre los que había un orco, para su asombro. Tenía un yelmo de Mithril, un peto, coderas y greca del mismo material. En el cinturón lleva una daga del mismo material elaborada por los herreros más cualificados de Moria, junto a espada y rodelas. La daga, se iluminaba cuando hay orcos en las proximidades y poseía un mortífero veneno contra orcos y uruk-hais. En la parte interior viste una cota de malla de mithril. Su arma principal es un hacha doble y poseía unas botas de cuero.  Era un enano de Nogrod (Tumunzahar). Emigró a Khazad-dûm en el año cuarenta de la Segunda Edad después de las ruina de Nogrod y Belegost. Formó parte de la guardia real del puente de Khazad-dûm desde los tiempos de Durin III, y se había enrolado en los ejércitos del bosque negro por que era la mejor manera para garantizar la paz para los enanos del norte. Al parecer Thranduil les había convocado para mandarles a una misión sobre un rapto, cuando oyó la frase de que quizás saliesen del bosque, se alegró tremendamente, pues Dimasalang, llamado Dimas, no le agradaban mucho los bosques.

Había mas personas aparte de ellos, elfos y humanos, mayormente, pero ningún orco como Burzumgad, y enanos solo uno mas. Todos parecían ansiosos por qué hablase Thranduil, que sostenía la copa, como si fuera a dar un discurso, finalmente se inclino y dijo:
- Bien, todos habéis venido por distintas circunstancias, otros por extrañas noticias, otros por breves rumores- Y el majestuoso elfo bebió un poco de su copa y prosiguió- Pero todavía no hemos recibido noticias suficientes para que una compañía de aguerridos guerreros se ponga en camino, pues hemos mandado algunos montaraces de rastreo, así que tal vez tengáis que volved a vuestras ocupaciones...
La mayoría no les prestaba atención, y un clamor de voces y rumores se oyó, algunos susurrando entre sí y otros en voz alta, y Thranduil seguía su discurso, pues la mayoría queríais largaros del bosque negro, pues era muy oscuro y tenebroso, y Thranduil y los demás elfos no os trataban muy bien; sobre todo al orco Burzumgad, y desconfiaban incluso de Rúmil que era elfo. Finalmente algo hizo que el discurso de Thranduil y todo se callara, pues 2 montaraces entraron de improviso aterrorizados y un poco heridos, andando con mucha dificultad. Uno era bastante mayor, y otro era todavía joven, y ambos andaban apoyados en el uno del otro.
- ¡Por Eru Ilúvatar! ¡Que os ha pasado!- Dijo Thranduil, erguido mientras se había levantado bruscamente de la silla.
- ¡Señor! ¡Encontramos a los montaraces raptados! ¡Una compañía de Uruks le tiene preso, no pudimos hacer nada más que huir aterrorizados del lugar! Por desgracia, los Uruks eran feroces y rápidos, y tenían ballestas, y muchos de los muertos murieron mientras nos perseguía, afortunadamente hemos conseguido sobrevivir...
Todo el mundo calló, y Thranduil frunció el ceño y se sentó, como si estuviera analizando la situación. Todos esperabais pacientemente a que dijera algo, y de nuevo, se alzó con brusquedad y no sin antes beber un poco de vino dijo:
- Bien, aquellos que quieran enfrascarse en esta misión, que se levanten de su sitio y se coloquen al claro de la derecha, los que no, permanezcan sentados, antes he de avisaros de que esta es una misión peligrosa, pero no se os darán mas detalles para no acobardar vuestros corazones y por vuestra propia seguridad.
El rey elfo miró a los comensales uno por uno, mientras los montaraces les observaban con ánimos y esperanza. Finalmente, Rúmil se levantó, se puso a la derecha diciendo:
- Vivo de la aventura y nunca me canso de ella, y no me mostraré cobarde ante unos cuantos Uruks.
- Mi dueño Grimbeorn me encomendó esta misión, mal sería acobardarme de un par de Uruks y desobedecerle, contad con esta beórnida- Decía Adan, mientras se ponía al lado de Rúmil.
- Han raptado a unos de los míos, sería pues un acto de deshonor si no me preparó para ayudarles, ¡contad conmigo!- Decía Abârmil.
- Poco me importa esta misión y poco sabéis de mi, pero quizás cumpliendo esta misión pueda enterarse el mundo de que no todos los orcos somos iguales- Decía Burzumgad, al tiempo que se iba a la derecha.
- Yo soy Elder, sabed que tendréis la espada de este aguerrido elfo preparada para la misión.
 - Amigo Rúmil, poco oí de esta aventura, pero al igual que tú, jamás desistiré de ella- Dijo Aikanáro mientras se levantaba y se iba a la derecha al lado de su conocido Rúmil.
- Veo que esta compañía es extraña, y que solo falta un hobbit, ¡pero tened en cuenta que tendréis el hacha de los fuertes enanos preparada para el rescate!- Dijo Dimas.
Los 7, Rúmil, Aikanáro, Abârmil, Adan, Dimasalang, Burzumgad y Elder, estaban preparados, y esperaban que alguien más se les uniera. Pero nadie más se levantó, y entonces Thranduil se dirigió a ellos y dijo:
- ¡Que Eru os proteja en esta difícil misión! ¡Extraña es vuestra compañía y mañana partiréis al alba, y os dejaremos en el camino principal, no os desviéis, por que aunque alguno creéis conocer bien la región, sabed que el bosque negro es un laberinto, tal vez podáis apareced en las tierras pardas, y además tened cuidado con los viles seres que habitan en la región, ahora daos prisa y preparaos para partid al alba!
Y acto seguido varios sirvientes limpiaron la mesa, y todos se dieron prisa en ir hacia donde se estacionaban para hacer sus equipajes.
Allí estaban todos preparados en el camino del bosque negro, la mayoría sin apenas conocerse bien, y esperando a Dimasalang que todavía no había llegado. Todos traían comida y equipaje para la aventura. Finalmente el enano Dimasalang apareció abrochándose todavía el cinturón, diciendo:
- ¡Perdonad, me quede dormido y sabed que los enanos no se orientan bien en los bosques!
Todos le dirigieron una sonrisa y se pusieron en marcha. Marchaban la mayor parte del tiempo callado, de vez en cuando Rúmil y Aikanáro hablaban en élfico, pero al rato callaban. Algunas veces el enano hablaba en voz alta intentando mantener una conversación sobre la misión, pero los ánimos no parecían muy altos, pues todos dudaban los unos de los otros y desconfiabais, sobre todo de Burzumgad, por ser orco, y lo único que conocían de sus compañeros eran su raza y nombre.
Todos permanecían callados y cada uno en su modo pensativo. A Rúmil la presencia de Burzumgad no le convence, pues se trata de un orco, y ya se sabe la amistad que hay entre elfos y orcos (al igual que con los enanos); así pues le está vigilando también por si es un espía del enemigo hasta que se asegure de las verdaderas intenciones de este orco rebelde.
Finalmente Rúmil rompió el silencio diciendo:
- Bueno amigos esta anocheciendo y puesto que lo único que hacemos es andar y no hablamos entre nosotros sobre que dirección escoger y hacia donde ir, propongo que acampemos esta noche y discutamos la misión. También tendremos que racionar las provisiones para el largo camino, alguien que se encargue de preparar la cena, yo me presto voluntario para establecer guardia durante esta noche, ¿alguien mas me ayuda?, y durante la cena discutamos sobre esta misión que nos ha sido encomendada.
Y entonces, la noche llega y os sentasteis frente a un acogedor fuego, dispuestos a discutir sobre vuestra misión, mientras cenabais. Rúmil empieza diciendo, desde su puesto de guardia (subido a un árbol):
-Bueno amigos comencemos la cena y discutamos sobre nuestra misión...
-Bien. Tenemos que encontrar a los dos montaraces. No tenemos ninguna pista, así que deberíamos empezar por ahí. Propongo que crucemos las montañas nubladas en busca del hogar de los montaraces donde sin duda nos darán más información de las desapariciones. En cuanto a como es relativamente sencillo: andamos el camino principal hacia el oeste. Conozco la zona, y yo podría ayudaros mucho. Además tengo muchos amigos de mi pueblo que moran en estos bosque, nos serán de gran ayuda. ¿Qué decís vosotros?- Dice Adan, que cree decir lo más conveniente, y dicho esto se une a la primera guardia.
-Quizás deberíamos ir antes donde los montaraces fueron asaltados y raptados, los que se salvaron dijeron que estaba cerca del camino, tal vez allí pueda averiguar algo de la dirección que tomaron- Dice el montaraz Abârmil, sentado al lado de Dimasalang dijo con una sonrisa- Hoy no estoy cansando, así que puedo hacer la segunda guardia, pero no la aré subido a ese árbol, querido Rúmil.
-Bueno pues creo que por el momento deberíamos seguir el plan del Dúnedain e investigar el lugar donde desaparecieron para buscar alguna pista, necesitamos más información sobre esos montaraces desaparecidos. Me gustaría saber cuales son las intenciones del orco para unirse a esta misión ya que su presencia entre nosotros me es extraña- Dice directamente Elder, quien después de exponer su opinión, mientras los demás deciden que camino tomar, se sienta en una roca cercana al fuego y afila bien su espada, aprovechando que ya hay gente de guardia para descansar sus piernas.
-Hola amigos, opino que la idea de Adan esta bien pero que lo más sensato sería empezar a buscar desde el mismo lugar dónde fueron asaltados como bien dice el Dúnedain; a partir de ahí seguiremos nuestro camino hacía dónde las pistas nos guíen- Finalmente Aikanáro se levanta de improviso y dirige sus últimas palabras hacia el grupo- Yo me encargare de la segunda guardia junto con Abârmil; mientras tanto, aprovechad el tiempo para cenar bien, preparaos y descansar porque mañana al alba partiremos si estáis de acuerdo, y será un largo día.
Luego se retira, clava sus dos espadas en la tierna hierba del bosque y dejo el arco junto a las flechas cerca de las espadas, y así se dispone a descansar mientras unos comen y espera su turno de guardia.
El enano comía el pan de lembas élfico, aunque a él no le suponía ninguna delicia, empezaba a gustarle.
-Abârmil. Aunque no niego que urge salir de este maldito Bosque Negro creo que tu propuesta es la más sensata, en la que también coincide Aikanáro. Si vamos a partir en búsqueda de los dos montaraces deberíamos realizar algunas indagaciones en el lugar que desaparecieron. Sólo después de esto podríamos saber que dirección tomar. Todo ello cuanto antes, pues mi pueblo no guarda gratos recuerdos de esta densa foresta. Como sabes, hace años una comunidad de Enanos transitó por estos frondosos senderos en compañía de Bilbo Bolsón, siendo atacados por múltiples arañas- Y se dirigió a los elfos, prosiguiendo- Escuchad compañeros. Rúmil, Elder y Aikanáro. Según he hablado con Abârmil, creo que sería conveniente acudir rápidamente al lugar donde se produjo la desaparición de los dos montaraces. Cuando amanezca sería necesario que encabezaseis el grupo. Con vuestra vista aguda creo que podrías escudriñar el punto en que se produjo el suceso y sus alrededores. Todo ello con el máximo sigilo, dada la proximidad de Dol Guldur, la “Colina del Hechizo”. Sólo después de esto podríamos determinar el camino a seguir.
- Yo podría detectar a los montaraces por el olfato- Sugirió el orco al enano, mientras Dimasalang al observarlo le dijo:
- No te esfuerces orco, los elfos de mí desconfían, imagínate de ti- Dijo el enano, aunque al orco tampoco le agradaba mucho su mirada. El orco esperaba que la compañía le aceptara, aunque estaba un poco triste por el rechazo que mostraban algunos y sobre todo Rúmil, que parecía seguirle.  Luego el enano le ofrece un poco de tabaco, y ambos fuman largo rato, cuando finalmente el pobre orco se prepara para dormir a la hoguera, a la espera de novedades, esperando que el grupo le admitiese. Luego, el majestuoso enano que fuese capitán de la Guardia Real del puente de Khazad-Dûm, se ofreció para hacer el tercer turno de guardia.



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