Relatos de Anderian: Viaje de un heredero

17 de Octubre de 2012, a las 11:28 - Órewen
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15. La virtud más valiosa

 

Él aún se sentía impactado, y algo confuso, por el repentino cambio que tuvo la princesa Nerethed; el recuerdo daba vueltas en su cabeza, no lo podía evitar, pues le preocupaba que ella estuviera en peligro. Vio entonces al príncipe Dulanthir, ya se encontraba totalmente recuperado del golpe propinado por su hermana; pudo notar que la preocupación invadía su ser, le pareció común, después de todo eran de la misma sangre. La amplia sala hacía que cada uno de los presentes tuviera un lugar cómodo, estaba iluminado con una tenue luz dorada, originada por altas lámparas de piso puestas de tal forma que había pocas sombras; esto daba al ambiente una atmósfera de suave calidez, contrastante con la frescura que otorgaba la noche.

Su mirada se volcó hacia su mejor amigo, él se encontraba acompañado de la princesa Lahan, hablaba con los reyes acerca de lo que vio:


-Veleryon se encontraba en una paz intranquila, no había nadie transitando sus caminos, parecía que no se encontrara ninguna persona afuera de sus casas. Vi entonces el castillo, y los guardias que lo custodiaban eran otros a los habituales, fue entonces que me percaté de ello. En uno de los balcones del castillo, había un hombre contemplando el reino, y portaba la corona real.


El semblante del rey mostró seria preocupación por las malas nuevas, volteó a ver a su esposa, quien compartía su pesar.


-Tenemos que volver-habló Argoreph-, cuanto antes mejor.


-Entiendo la preocupación que te aqueja, pero ustedes tres no podrán lograr mucho-dijo el monarca.


-Es verdad-terció el príncipe Ossmeth, y continuó-, tienen mi ayuda en estos momentos de necesidad.


-No te quedarás con todas las victorias, Ossmeth-agregó el príncipe Dulanthir, dejando un poco sus preocupaciones.


-Ni cinco podrían derrocar al falso rey-apuntó la reina.


-No sabemos de su ejército, cuántos soldados lo conforman, o si tiene uno siquiera-dijo la princesa Lahan.


-Marduk-le habló Argoreph-¿viste algún ejército?


-Me temo que no, pero no es de extrañarse, ya es de noche y seguramente han de estar descansando.


-Siendo un ejército invasor, han de descansar si no cerca del castillo, en su interior-reflexionó Mildein- Todo para proteger a su líder.


-Si se encuentran en un solo lugar, quizás puedas contarlos, aunque estén dormidos-propuso el príncipe Ossmeth.


-Pero aún no domino mis habilidades, ocurre cuando menos lo espero y si quiero que suceda, me es muy difícil lograrlo.


-Lo puedes lograr, Marduk-le animó la princesa Lahan. Permanecieron un rato sosteniendo la mirada uno del otro, hasta que él por fin habló.


-Necesito salir, es mejor allá afuera.


Ílhan mientras tanto, había estado callado en todo el debate apenas concluido, fue tanto su retraimiento que podría confundirse entre las pocas sombras de la habitación; sus pensamientos oscilaban entre el peligro en el que se encontraba la princesa y en el que vivía Veleryon, estaba en ese vacilante cambio de ideas cuando vio salir apurado a su amigo, pensó entonces en los padres de él y cómo estarían en esos momentos en que Veleryon era gobernada por un falso rey y que tal vez, no tuviese corazón sino solamente hambre de poder. Sus padres, trató de recordar una fracción de memorias acerca de ellos, sus rostros y voces, hacía años que habían partido ya; se preguntaba qué dirían si supieran que él ahora era el heredero al trono del reino, pero entonces se cuestionó si ellos estuvieran vivos ¿él estaría en toda esta travesía? Seguramente habrían sido cosas muy distintas, tal vez aún gobernaría el rey Táerhan junto a su reina, tan amable y gentil como ella siempre había sido, y esperaría con ansias el día en que su hijo ocupara el trono, sí, así debería de ser.


Vio a los reyes de Ker Mirren, estaba maravillado con su porte pues nunca antes había visto algo así, a como recordaba los días dorados de los monarcas de Veleryon quizás se acercaban un poco a ellos; observó que la reina Nyvare le hablaba con preocupación a su esposo, seguramente él había decidido emprender aquella travesía a su lado, pues eso parecía ser o lo que supuso por las reacciones de ella. La princesa momentos antes había estado con ellos, pero al igual que él, permanecía en silencio y sólo observaba a sus padres, después y de improviso, volteó hacia la puerta que daba al exterior y con un aire de curiosidad salió de la habitación.


Se giró ahora hacia el príncipe Ossmeth y Mildein, ésta última sostenía entre sus brazos a su pequeño nuevo amigo, quien ya estaba en los caminos de los sueños. Ella veía a su hijo y pasaba entre sus dedos los cabellos oscuros del pequeño, los cuales brillaban de un tono azulino mezclado con el oro producido por la luz de las lámparas. El rostro de su madre emanaba angustia por lo que su esposo había decidido, sus movimientos no eran tan delicados por los sentimientos que albergaba en su corazón, Ossmeth estaba a su lado susurrándole palabras de consuelo, aunque no surtían el efecto esperado, sino sólo un poco de lo que él hubiera querido. Una lágrima cruzó furtivamente su mejilla.


Argoreph parecía estar inmerso en sus pensamientos, quiso adivinar en qué ocupaba tanto su mente y supuso que el aprecio hacia Veleryon lo mantenía así, recordó que él había sido aquél hombre que se encargaba del reino mientras el rey desaparecía en sus largos viajes hacia el Aritrel; claro que antes la reina se encargaba del reino entero y era diestra en ello, pero desde su partida Argoreph, por ser digno de confianza, había ocupado el cargo de cuidar del lugar.


Seguía en sus tantas observaciones y pensamientos, cuando sintió que alguien se había situado a su lado, le había parecido tan sigiloso que no se percató siquiera de su proximidad, aunque tal vez él no hubiese querido llegar tan silencioso. Volteó su cabeza y halló la mirada del príncipe Dulanthir sobre de él, hasta entonces había sido el único que notó su ensimismamiento o tal vez el primero en acercársele.


-Has permanecido callado desde que llegamos-apuntó Dulanthir, y suponiendo el porqué de su silencio dijo-, no te preocupes que nosotros ayudaremos a Veleryon.


-Es bueno saber que tiene aliados, pero prefiero evitar que se sacrifique gente inocente.


-Ya hemos hecho nuestra elección, no puedes hacer nada para cambiarlo.


-No quiero que haya sufrimiento en lugares donde no debería de haber-dijo y volteó nuevamente hacia donde se encontraban Ossmeth y Mildein, Dulanthir notó eso.


-Önder sabrá que su padre hizo un acto de bondad y heroísmo, pues él no quiere que haya sufrimiento en gente inocente, bajo el poderío de un rey que no debería estar ahí. Además, futuro rey, es por su propia voluntad, y la mía también.-Ílhan se resignó, no estuvo totalmente de acuerdo con ello.


 

Desde que mantuvieron sus miradas, Marduk vio en sus ojos la seguridad con que lo había dicho, confiaba fervientemente en que podría hacerlo; eso tocó el corazón del joven Opari, y pensó en todo el progreso que había logrado desde el día en que vio aquella estrella fugaz, no debía rendirse ni tampoco limitarse, a final de cuentas es lo que le repetía a su amigo.


Tras salir hacia el exterior sintió la frescura nocturna en su rostro, dio un profundo respiro con los ojos cerrados y vio hacia el cielo plagado de diminutas luces blancas, tintineantes y hermosas. Deseó desde lo profundo de su corazón que las estrellas actuaran a su favor, que entendieran su situación y el apuro que le ocupaba. Después de dar algunos pasos se sentó en la hierba suave, agarró el saco y posteriormente el fragmento de estrella, ya estando entre sus manos la contempló con detenimiento, le era tan bonita y fascinante como el primer día que la tuvo consigo. Volteó a su costado izquierdo y encontró al zorro observándole, con lentitud acercó su mano hasta posarla sobre la cabeza de Finrach y acariciarle, quien no opuso resistencia y disfrutó de ello.


-¿Tú también crees que lo lograré?-sonrió mientras veía al zorro, el cual después se retiró a las sombras de la noche. Alzó nuevamente su vista, contempló con detalle cada una de las luces estelares como encontrando el momento adecuado- Bien, no hay por qué demorarnos más.


Sus manos guardaban la piedra en un hueco hecha por ambas, seguía oscura y con diminutos destellos de cristal en ella. Toda su concentración se tornó en ella, en su cualidad de ver de cerca distancias lejanas, cerró sus ojos y su rostro se iluminó de una luz blanca y tenue que yacía en sus manos, intentó entonces ir más allá que sólo la blancura de su luminosidad y ver Veleryon. Nada.


-¿Qué ocurre?-se preguntó frustrado y volvió a intentarlo, de nuevo nada ocurrió.


La presión aumentaba dentro de él, más por el hecho que esperaban que regresara a la sala y hablara de lo que había visto, cuántos soldados había y dónde se encontraban; pero no veía nada más que la oscuridad de sus párpados.

Estuvo en silencio, pensando qué es lo que debería de hacer, pero en su mente no hallaba la respuesta, sino más estrés por no lograrlo.


-¿Por qué?-se repetía él mismo en sus pensamientos, se sentía impotente por no controlar a voluntad el don que le había sido otorgado, quizás habían esperado demasiado de él, mucho más de lo que él podría ser.


-¿Nada aún?-aquella voz rompió con toda esa red de pensamientos problemáticos, por un momento se olvidó de ello para voltear a ver a quien le observaba a sus espaldas.


-Princesa-fue lo único que pudo decir, no había nada más.


-¿Lograste ver algo?-preguntó nuevamente, con la curiosidad en sus ojos y preocupación en su voz.


-No.


-La paciencia no es un lujo, es una virtud muy valiosa. Debes de ser paciente.


-Lo he intentado, princesa. Pero no es suficiente.


-Quizás no le has dedicado el tiempo debido-llegó a su lado, y se sentó con delicadeza.


-Puede ser, pero aun así no puedo ver lo que quiero-bajó su cabeza, viendo la alfombra verde.


La princesa dejó de verlo para dirigirse a las estrellas un momento, las contempló elevadas en lo alto del cielo oscuro, luego una idea le vino a la mente mientras lo hacía.


-Tal vez no es lo que tú quieres ver, si no lo que necesitas conocer. Si tuvieras eso en mente, puede que todo fluya de manera natural, sin ningún contratiempo. ¿Por qué no lo intentas una vez más?


No encontró otra forma de responderle que asentir con su cabeza, después siguió su consejo. Se puso nuevamente en la posición que había preparado para lograr su objetivo, cerró los ojos y con la duda en su corazón de saber qué es lo que necesitaba ver, esperó pacientemente a que algo ocurriera, no hizo caso a la desesperación ni a la presión que antes lo habían agobiado; y le resultaba extraño, pues la luz que se filtraba por sus párpados le parecía tranquilizadora, eso y la presencia de la princesa, que le daba paz y ayudaba en su tarea.


La princesa sólo contemplaba cómo Marduk esperaba pacientemente por aquella visión tan anhelada, no emitía ningún sonido ni movimiento brusco que lo sacara de esa concentración que había conseguido, así estuvo por un largo rato cuando vio que el cuerpo de Marduk comenzaba a balancearse echándose hacia atrás. Se alegró porque lo había conseguido, y le llenó de ansiedad al no saber qué vio; fue tanta la inclinación que tenía su cuerpo que, como pudo ella, le sostuvo de la espalda y cabeza para ayudarle a recostarse en la suavidad del suelo verde.


Tuvo que esperar otro largo rato para saber si había conseguido algo, mientras usaba su tiempo en admirar sus alrededores, escuchó el movimiento de la hierba y volteó a ver, entonces lo vio que ya había recobrado el conocimiento y estaba levantándose. Se alegró que ya se hubiese levantado.


-¿Qué ocurrió, Marduk?-preguntó con voz dulce, tratando de contener la curiosidad que la invadía.


-Es verdad, tenía que tener paciencia y esa disposición de recibir lo que necesitaba, y no lo que yo quería. Gracias, princesa-le dijo con una sonrisa, la cual contagió a la joven Ceredyv y sonrió también.

 



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