Relatos de Anderian: Viaje de un heredero

17 de Octubre de 2012, a las 11:28 - Órewen
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16. Encuentros inesperados

 

El alba ya se aproximaba al valle de Balfilias, todos escuchaban atentamente cada una de las palabras que emanaban de la boca de Marduk; lo que dijo fue lo que necesitaba ver, y lo que se le presentó ante su vista. Habló sobre la actitud ansiosa de ese hombre que portaba la corona de Veleryon, parecía esperar a encontrar algo entre las casas solitarias; o más bien lo deseaba, algo que hubiera perdido y necesitaba. No era joven ni tampoco muy viejo, tenía un balance entre ambas edades; tenía el cabello rubio y sus ojos eran azules, por lo que se le identificó de Vannan.


Después su vista se dirigió hacia las orillas del reino, ahí se encontraba un grupo de hombres haciendo guardia, por si alguien quisiera entrar al reino, no lo lograría si su intención fuera pasar inadvertido. Parecía entonces que el rey esperaba a alguien, por eso su insistencia de observar cada casa, e incluso las orillas del Aritrel.


Pero luego de eso, pudo ver su séquito desperdigado por los alrededores del reino, del castillo y entre las sombras más oscuras. Y antes de que la visión se perdiera y se volviese oscuridad, de nuevo vio a aquel hombre con la vista aún clavada en el reino, pasaba sus dedos sobre los de la otra mano, específicamente en uno y rodeándolo como si tuviera algo puesto.


-¡El anillo, quiere el anillo!- gritó de repente Argoreph.


-¿Qué anillo?-preguntó desconcertado el rey Ceredyv.


-El que le dio el rey Táerhan a Ílhan.


Ílhan entonces lo recordó, buscando en donde lo había guardado lo pudo encontrar, y sin más demora lo sacó para que todos lo pudieran apreciar. Por un momento no encontraron nada extraordinario, Marduk e Ílhan apenas sabían que era símbolo de la realeza. Argoreph sabía otro poco.


-Infunda valor al que lo requiera. Es una reliquia valiosa y de cuidado, símbolo de la realeza y la heredad a Veleryon; y así ha sido y será, hasta que encuentre su dueño verdadero, a quien servirá plenamente. Balasyr, ése es su nombre.


Ílhan observó la reacción del rey Ellfhrinel, pues era la más sobresaliente de los demás, parecía conocer lo que había acerca del anillo que estaba en sus manos; pero no duró mucho en mirarlo, pues se desvió hasta la palma de su mano, donde reposaba aquél objeto dorado. Su imaginación le era insuficiente al saber lo de Balasyr. Ni siquiera sabía que aquel aro de oro tuviese algún nombre, debido a este hecho particular pensó que era realmente importante; independientemente de las cualidades extraordinarias que infundían al portador, y de que se había pasado de generación a generación. Con la esperanza de hallar aquél que fuere su propietario legítimo.


Seguramente mucha gente de Veleryon desconocía la búsqueda que recaía en la reliquia real, y tal vez Argoreph y los miembros de la familia real –ahora perecidos- fueran los únicos en saberlo; quizás habría libros guardados con recelo, libros a los que Argoreph tenía acceso. Claro que le sorprendía que el rey Ellfhrinel reaccionara de esa forma, entonces en Ker Mirren habría algo y tal vez hasta en Balfilias, y posiblemente en Nacelthora también. Habría hecho más reflexiones acerca de Balasyr y sus misteriosos orígenes y secretos, pero una voz lo sacó de sus pensamientos.


-¡Qué bello el momento que ven mis ojos!-gritó de emoción la reina Nyvare, saltando del lugar a lado de su esposo, para llegar hasta la entrada. Y con los brazos abiertos, recibió a la reina Thraniziel, quien iba de la mano del rey Adanthir.


Ella respondió de la misma manera el abrazo de la reina Nyvare, lanzándole miradas a su esposo, quien miraba alegre la escena. Después de soltarse de Thraniziel, observó a Adanthir y le dio un abrazo también, con la misma alegría con que lo había hecho hace unos momentos.


-Bueno es ver de vuelta al monarca de Balfilias-dijo el rey Ellfhrinel mientras se ponía de pie, y con una sonrisa en su rostro que no podía contener por mucho.


Adanthir se acercó hasta estar frente a frente con su amigo Ellfhrinel, estando ahí, no se demoró más y se dieron un abrazo. Uno de ellos alegre, por ver de regreso a su amigo; y el otro, agradecido por estar ahí en esos momentos. Su mirada gris se paseó por toda la habitación, observó a cada uno de los presentes directamente al rostro y vio tres nuevos.


-¿Cuál es tu nombre?


-Ílhan, mi nombre es Ílhan, majestad.


-Es un honor, joven Ílhan. Yo soy Adanthir, rey de Balfilias-sonrió al saber finalmente el nombre de aquél heredero. Volteó recordando que había otros dos rostros ajenos a Balfilias, primero se encontró con el rostro de Argoreph- Tu rostro me parece familiar.


-Soy Argoreph, señor.


-Te recuerdo. Llevábamos a una joven herida a Veleryon, en el camino nos encontramos con Táerhan, y tú estabas con él. ¿Y tú, cuál es tu nombre?


-Soy Marduk, señor-le respondió.


Desvió su mirada y otro rostro le era conocido, tan parecido a él en sus años de juventud, sin embargo notó que se encontraba solo. Hacía falta otra cara familiar que esperaba ver con ansias. Su rostro borró levemente la sonrisa que portaba con alegría, su corazón y su cuerpo comenzaban a sentir un frío envolvente, además de un miedo que se albergaba en su interior temiendo lo peor.


-¿Dónde está?-preguntó Adanthir mientras escudriñaba el cuarto con sus ojos, tratando de encontrarla- ¿Dónde está Nerethed?, ¿Dónde está mi hija?


Thraniziel también se unió en su búsqueda visual, siendo contagiada por los mismos temores que su esposo, volteó a un costado para cruzar su mirada con la de su homónima de Ker Mirren. Su sonrisa igualmente había desaparecido, y su gesto era desalentador, pero la reina de Balfilias quería saberlo con palabras; la reina de cabello rojizo dio un suspiro, pues no podía contener tantas emociones en su interior. Entonces, una voz las sacó de esa tensa situación.


-Se fue, se desató en ella la aversión, y se alejó de nosotros. No pudimos seguirla-contestó finalmente Dulanthir, observando a sus dos progenitores con rostro serio.


Ílhan vio al rey Adanthir, un hombre de una estatura considerable y le parecía que imponía su presencia; notó la tristeza que le provocaba esas palabras pronunciadas por su hijo, parecía que se adjuntaba la culpa de lo sucedido. Pero el joven heredero no creía que fuera así, sino que él debía de sentirse de ese modo; y así era, después de todo, fue él quien originó ese infortunado momento.


-Fue mi culpa, yo hice que ella corriera-admitió Ílhan, agachando la mirada, pues no sentía la fuerza necesaria para recibir la del rey.


Entonces el rey Adanthir se aproximó hacia él, todos permanecieron en silencio durante aquellos instantes, observando con el aliento contenido lo que podría suceder. Ílhan al sentir su presencia frente a la suya se estremeció, algo que el rey notó de inmediato, él quizás habría estallado en cólera; pero ya no necesitaba eso después de que su corazón había sido sanado. Valoró el hecho de que aquél joven haya sido honesto, sin embargo, él no era el verdadero culpable de eso.


-Desconocías lo que sucedía en Balfilias, no debes cargar con esas culpas.


Ílhan sintió un peso sobre su hombro, volteó para ver qué era, y se sorprendió al encontrarse con la mano del rey. Eso lo hizo mirarlo de frente, quien ya esperaba su mirada. Adanthir escudriñaba al muchacho que tenía delante de él, recordó lo que había escuchado; que él se había encargado de un cuélebre, y al ver lo joven que era, sintió de pronto una admiración hacia él, pues semejante hazaña era poco común. Entonces pensó que las preciadas habilidades de los Vannan, no estaban del todo vueltas leyenda, que aún latía en ellos el poder, que los inundaba de manera silenciosa. El rey Táerhan no se había equivocado al elegirlo como heredero.


-Tenemos que ir a buscarla-sugirió la reina Thraniziel, preocupada por el bienestar de su hija.


-Iremos enseguida-dijo él, proponiéndose ya el ir en su búsqueda.


-Antes, los reyes de Balfilias deben conocer lo que ha provocado esta reunión-dijo Ossmeth.


Y así fue, el rey Ellfhrinel tomó la palabra, y les habló de lo que acontecía en Veleryon; de vez en cuando, Marduk agregaba detalles. Los reyes, que se habían sentado juntos, no se explicaban cómo es que sabían todo eso, sobretodo aquél muchacho, que parecía haber estado ahí. No era algo posible.


-Es un Opari, puede ver lo que es lejano para los demás-explicó la princesa Lahan.


Lo observaron por un momento, y por sus expresiones, Marduk ya sabía que no habían visto a un Opari antes. Parecía que se estaba acostumbrando a ello. Casi se desviaban del tema, todo por saber las habilidades del joven mestizo; las cuales resultaron extraordinarias para los monarcas. Argoreph, un tanto ansioso por el destino de Veleryon, fue quien se encargó de retomar la situación. Ellfhrinel le explicó que él y los príncipes, habían decidido ir a ayudarles.


-Entonces iré yo también-decidió Adanthir, y vio a Thraniziel; quien le respondía con la mirada, diciendo que comprendía la situación.


-Buscaré a nuestra hija, no te preocupes de eso-le dijo. Él asintió, estando de acuerdo con ella.


-Descansemos, después habrá que prepararnos. Y más tarde, partiremos a Veleryon-se dirigió a todos los presentes, quienes acataron sus órdenes y fueron a recuperar energías.


El príncipe Dulanthir, antes de entrar a su habitación, volteó con tristeza hacia atrás; donde se encontraba la puerta al cuarto de su hermana. Dio un suspiro y fue a descansar.


Mientras tanto, Ílhan estando en su habitación, acostado y con su mirada clavada en el techo, cavilaba sobre los acontecimientos ocurridos. Pensó que a lo que se enfrentarían, se convertiría en una guerra; algo a lo que él no estaba preparado. Su cuerpo se vio envuelto en un frío tan terrible, que su corazón palpitó con más fuerza y rapidez; la sola idea lo abrumaba.

Casi instintivamente, su mano se dirigió hacia donde se encontraba Balasyr; al sentirlo tuvo una especie de alivio, lo cual lo tranquilizó.


-Necesitaré de Balasyr-pensó él. Y su idea se implantó en lo profundo de su ser, volviéndose un lazo de sumisión hacia el anillo; olvidando lo que hizo con el cuélebre, dejando de lado los límites que podría alcanzar. Todo.


Sus pensamientos se volvieron iguales a los de su raza: él no sería capaz de semejante hazaña, pero con la ayuda de la reliquia real, todo sería posible. Guardó en su puño el símbolo de la heredad, vio nuevamente hacia el techo, ahora con la confianza de que lograría sus propósitos, no sentía el dudar de ello; después de todo, la solución a todo estaba en su mano. Sonrió tranquilo y sus ojos se cerraron, para internarse en un plácido sueño y descanso.

 



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