Relatos de Anderian: Viaje de un heredero

17 de Octubre de 2012, a las 11:28 - Órewen
Relatos de Fantasía - Relatos basados en la obra de Tolkien, de fantasía y poesías :: [enlace]Meneame

7. El límite de los sentimientos más sombríos 

Rayos dorados atravesaban el cielo, las sombras de una noche sin estrellas se esfumaban con el amanecer y las aves daban la bienvenida a un nuevo día. El valle se iluminaba volviendo a la vida, era atravesado por dos ríos que hacían que aquella luz de oro centelleara aún más en sus cristalinas aguas, las proyecciones sobre el suelo verde de la estructura montañosa se movían conforme avanzaba el amanecer.


La gente despertaba de su sueño nocturno y se preparaban para iniciar actividades, en la cocina de cada una de las casas ya se preparaba el primer alimento del día; en las montañas se escuchaba el despertar de criaturas místicas, el eco de sus voces resonaba en el valle como el anuncio del despertar.


Todo era normal en la vida de los habitantes de Balfilias, no se percataban de lo que había ocurrido en la cima de la colina más alta, sólo aquellos que estuvieron presentes.


-¿Cómo te fue?-preguntó presurosa la reina Nyvare al ver llegar a su esposo, tenía un semblante desalentador.


-Tenías razón, fue en vano. No pude encontrarlo en ninguna parte-respondió decepcionado de su fallida búsqueda, la reina Thraniziel lo había escuchado todo pues se encontraba con la señora de Ker Mirren a esperar noticias de su esposo.


Su mirada estelar estaba perdida en la nada, sus pensamientos consumían toda su atención. En su corazón sentía la necesidad de hacer una cosa. Los señores de Ker Mirren la observaron preocupados y la reina Nyvare fue quien decidió romper el silencio y hacerla volver en sí.


-Thraniziel-habló suavemente posando su mano sobre la de la susodicha, ésta volteó saliendo de su estado pensativo.


-Iré a buscarlo-se levantó de la silla en la que se encontraba, su paso fue decidido y dejando atrás a los reyes fue en busca de su esposo.


-Debes tener cuidado, aunque parezca ser el mismo ha cambiado en su interior. Prepárate para lo que pueda surgir-le advirtió el señor Ellfhrinel, ella sólo se detuvo un instante sin mirarles y siguió su camino.


De todos los lugares que conocía de Balfilias, había uno que era una especie de guarida secreta entre la familia, uno que había revelado Adanthir a su esposa y después a su hijo e hija, ésta última era demasiado pequeña para recordar con exactitud el lugar. No era un lugar totalmente secreto, pues era el refugio de algunos hipogrifos; de pequeño el rey Adanthir después de mucho buscar, dio con el lugar perfecto para pasar sus ratos de juego, además que sentía un vínculo más estrecho hacia los seres vivos con quienes compartían el valle, por lo que se convirtió en un lugar muy importante para él.


Y ahí estaba después de tanto caminar y subir pendientes, había llegado finalmente a la entrada de aquella cueva que había visto junto con sus hijos. Recordaba lo emocionado que estaba su esposo al mostrarles el lugar a sus pequeños, y que convivieran con el pequeño hipogrifo que acababa de llegar al mundo, ella en ese momento se sentía feliz pues era un tiempo en familia como muchos otros, pero ése era especial para Adanthir al compartir el lugar con ellos. Pero ahora no era un momento de felicidad.

Al entrar tardó un poco en acostumbrarse a la escasa luz de la cueva, pero en cuanto se hubo adaptado, su vista pudo ver la figura de aquel hombre que tanto había buscado. Sus cabellos oscuros apenas tocaban los hombros y su porte esbelto le hacía lucir perfectamente la vestimenta verde-marrón que portaba, Adanthir acariciaba el cuello de un gran hipogrifo el cual recibía de buena gana el gesto, ella se acercó lentamente y tratando de no pasar desapercibida, pues entrar inadvertida no era el punto.


-¿Qué haces aquí?-preguntó cortante y conteniendo furia.


-Vengo por ti, quiero saber qué es lo que te sucede-respondió ella con voz suave tratando así de llegar a él.


-Estoy bien-dijo y continuó acariciando al animal, sin voltear siquiera a verla.


-Eso no es verdad, Adanthir. Desde la última vez que fuiste a Veleryon volviste muy cambiado, desde entonces he notado que algo malo te ocurre-.


Adanthir dejó de prestar atención al animal, el cual salió de la cueva a su vuelo matinal, luego volteó hasta ver de frente a su esposa. Su mirada no era gentil ni su rostro amable, parecía que la reina Thraniziel estaba viendo a otra persona y no a su esposo. Éste comenzó a avanzar hasta ella con una actitud desafiante, que la alertó en su interior e hiciera que estuviera a la defensiva.


-Fuiste tú ¿verdad?-.


-¿De qué hablas?-.


-Es culpa tuya que Ellfhrinel esté aquí, tú le dijiste a Ossmeth que fuera por él-sentenció Adanthir.


-¡No!- gritó ella- Es verdad que le hablé de lo que te sucedía, pero fue porque también él lo notó en ti; fue iniciativa de él ir en busca de Ellfhrinel, y yo estuve de acuerdo-.


-¿Por qué hablas de cosas que no sabes?-gritó Adanthir, cada vez lucía más cambiado tal como decía el señor Ellfhrinel.


-Mírate, hablas a gritos y tu mirada ya no es la misma. ¿Crees que no sé que algo te sucede? Deja que te ayude Ellfhrinel, lo necesitas-.


-En primera no deberías estar aquí, y no necesito ayuda de nadie-.


-¿Por qué no puedes ver lo que te sucede? Te has vuelto ciego de lo que es tan notorio para los demás-sabía bien que su esposo era un terco y se daba cuenta que eso no había cambiado, ya se estaba cansando de discutir con él.


-¡No estoy ciego!- su rostro denotaba furia y su mano derecha se había alzado, lista para tomar impulso y dar con su objetivo.


-¡Atrévete! ¡Has el intento!-gritó en cuanto vio aquella acción, él quedó paralizado y ella mostraba un rostro desafiante que ocultaba la tristeza que sentía en su corazón.


Adanthir vio los ojos de su esposa, aquella mirada que tiempo atrás había encantado por poder ver las estrellas en ella, ahora ese mismo mirar lo fulminaba por dentro obligándolo a detenerse en seco. En cuanto pudo reaccionar después de la parálisis momentánea, dio media vuelta y se alejó de Thraniziel que aún le observaba con mirada aniquilante. Ella por su parte sentía su corazón latir con gran velocidad, y en cuanto perdió la mirada de su esposo pensó lo cerca que estuvo, y quedaba agradecida de actuar al momento después de que inicialmente quedó fría sin saber qué hacer.


-No quiero ver a ese extraño en mis tierras-sentenció con voz fría y una vez más dándole la espalda.


-Para cuando estés de regreso, él ya se habrá ido-agregó ella, recuperando la compostura y tratando de que su voz no se oyera quebrada. Después de eso se retiró, dejándolo a él en la soledad de la cueva.


 

La noche anterior o mejor dicho momentos previos al amanecer, la conversación entre las princesas había sido de provecho para la joven Nerethed, la princesa Lahan le había hecho ver que aquella pesadez en su corazón era porque iba en contra de aquél sentimiento infundado por su padre. Desde el punto de vista de la princesa de Ker Mirren, era una buena señal pues aún había algo de la auténtica Nerethed, pero para luchar contra ese sentimiento debía enfrentarlo exponiéndose a lo que lo había detonado. A pesar de ello, la princesa Lahan le advirtió que no se desharía del todo de ese sentimiento, pues su padre era la fuente misma y desde ahí debía erradicarse, algo que sólo su padre podía hacer.


-Pero tu padre, tú y tu madre pueden ayudarlo, así como al extranjero, ¿no es así?-la preocupación y la esperanza estaban presentes en la forma en que lo dijo.


-No, Nerethed-negó triste la princesa Lahan- Sólo si tu padre está dispuesto y admite que necesita ayuda, de otra forma no. No se puede ayudar a alguien que no quiere ser ayudado-.


"No se puede ayudar a alguien que no quiere ser ayudado" Esas palabras seguían rondando en su cabeza y pensaba también en su padre, se entristecía por la posibilidad que él no quisiera ser ayudado, quería mantener la esperanza de que en algún momento él mismo pidiese ayuda.


Había dormido apenas unas horas cuando el sol entraba por su ventana, se lamentaba porque la noche le había parecido demasiado corta y ahora debía levantarse. Perezosamente se puso de pie y estando frente a su ventana volvió a ese recuerdo de aquella plática, la sensación que tuvo en su corazón y la reacción de su padre; si en verdad quería luchar debía hacer algo al respecto, observando el amanecer en el valle le vino una idea que podría resultar, necesitaba averiguar el inicio de todo y tenía que obtener información. Ahora no podía ponerla en práctica, sólo quería disfrutar de la bienvenida de un nuevo día a pesar de no haber dormido mucho, después de todo lo disfrutaba mucho.



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