Los Cuatro Guerreros Legendarios

01 de Junio de 2004, a las 00:00 - Órewen
Relatos de Fantasía - Relatos basados en la obra de Tolkien, de fantasía y poesías :: [enlace]Meneame

-Ven, y ayúdanos. El mundo de la fantasía peligra…Kate-

Kate despertó de un sueño extraño, que le venía perturbando varias noches seguidas. La voz femenina era un misterio.

Sin embargo todo lo demás era tranquilo y normal como si aquella voz no importara. Ignoraba lo que quería decir. Kate es una de esas chicas que tiene muy pocas amigas y está sumida en sus pensamientos de fantasía y magia aunque sólo tiene amigas en Internet y se expresa mejor en aquél medio de comunicación.

-¡Kate!, es hora de desayunar. Baja ahora o sino se enfriará tu desayuno-dijo su mamá, siempre hacía cosas deliciosas para el desayuno y ninguno faltaba para sentarse un momento a probar sus delicias caseras.

-¡Ya voy!-contestó Kate. Tenía una hermana menor, su nombre: Victoria. Siempre hablaba sola para sus papás era raro y extraño y para ella era normal, decía que hablaba con una amiga de un mundo diferente y que era una hada.

Kate se arregló poniéndose su uniforme y peinando su cabello y descubriendo sus orejas con sólo poner detrás los mechones que las cubrían.

-Buenos días a todos-dijo con una sonrisa. Ella, a pesar de todo eso, era alegre en su casa y cómica a veces.

-No saludaste a Linda-dijo Victoria, apuntando con su dedito índice a lado derecho de Kate.

-Oh, sí olvidaba a tu amiga imaginaria. Hola Linda, ¿qué tal el día de hoy?-dijo de forma cómica.

-Kate, siéntate que ya te servirán el desayuno-dijo su padre que estaba sentado leyendo el periódico y tomando un café.

-Sí-Kate sacó la silla y se sentó con cuidado de no arrugar la falda.

-Bien, aquí tienes hija-dijo su mamá y le puso el plato en frente de ella. Era la especialidad de mamá: Hot Cakes con tres dulces y enormes fresas en el centro de la columna de los tres panecillos deliciosos junto con jarabe escurriendo por unos lados.

-Linda, ¿no quieres comer uno?-dijo Victoria con su tenedor suspendido en el aire sujetando un trozo de hot cake con jarabe.

-¿Tu amiga no quiere probar mi especialidad, Victoria?-preguntó con una sonrisa en sus labios la mamá de ella.

-No...dice que no tiene hambre-dijo Victoria comiéndose el trozo.

-Bien, cariño. Ya me tengo que ir, si llego tarde sería terrible-dijo el padre de Kate, se levantó y se fue a trabajar.

-Yo también tengo que irme. Hasta luego mamá-.

 -Vamos, Kate. Lánzala para acá-.

Estaban jugando con una pelota en el salón de clases. El maestro parecía que estaba presente en la junta de maestros que hace poco inició.

-Allá va!-.

-¡Kate!, recíbela!-.

Una de sus amigas lanzó demasiado alto la pelota que dio a la ventana y salió perdiéndose en el montón de construcción que hacían a lado del salón.

-Esta bien. Yo voy por ella-dijo Kate. Ninguno parecía querer ir por la pelota, aparte de eso por que Kate era la única del salón capaz de pasar por la ventana: le hacían falta unos tablones y cabía perfectamente.

Al salir se encontró con la construcción incompleta pero nada de la pelota, así que se aventuró más a la profundidad de los bloques rotos y paredes. Hubo un instante en que el tiempo se perdió por completo y se transportó a un lugar extraño. Todo estaba oscuro pero frente a ella había una batalla entre el bien y el mal.

Un grupo parecido a los elfos estaba, con sus poderes, cerrando una muralla de un coliseo bajo tierra y lo que dejaban detrás de esa pared eran criaturas malvadas. Cuando por fin se cerró una de ellas la miró y ella reaccionó.

 -¡Kate!, ahí viene el maestro, vuelve pronto!!-decían sus compañeros al saber que se aproximaba el maestro.

-¡Ya voy!-.

Kate no pudo dejar de pensar en aquella visión. Sentía algo en su interior que le decía que la voz misteriosa y la visión tenían una conexión en común. Transcurrió la mañana y era todo normal pero Kate no dejaba de pensar en aquella batalla que presenció y en la elfa que la miró, no podía quitarse eso de la cabeza parecía un hechizo.

Sonó el timbre de salida. Todos fueron a sus respectivos hogares, Kate llegó algo cansada a su casa.

-Hola, Kate. ¿Has visto a Linda en tu escuela?, no la he visto-dijo Victoria buscando en la sala.

-No, no la he visto-.

-Hija, vamos a salir tu papá y yo. Cuida a Victoria y apagas las luces cuando vayan a dormirse ¿esta bien?. No tardaremos-dijo su mamá esperando en la puerta a su esposo.

-Sí, que se diviertan-.

Sus padres salieron y ellas dos quedaron solas. Todo parecía normal, ella descansando un poco y su hermanita jugando en el pedazo de terreno que había afuera mientras que daba una vuelta y miraba a que estuviera Victoria donde la viera.

-Vamos, apresúrense en terminar su helado, para que vayamos a ver más cosas-dijo una señora a sus hijos.

-Sí, mamá...-dijo uno de ellos. Era el mayor y era de esos que se los podría acabar en cualquier momento.

Su madre esperó un momento más mientras los miraba acabarse sus helados, y su esposo había hecho un viaje a la tienda de aparatos electrónicos y todo lo relacionado.

-¿Ya?-dijo la mamá un poco fastidiada o aburrida.

-Si, ¿dónde lo tiramos?-dijo el menor.

-Por allá-.

-Bien, yo lo voy a tirar-dijo el mayor.

-Búscanos en aquella tienda-la señala-, allá vamos a estar.

Tomó los vasitos de helado y se dirigió al bote de basura más cercano. Cuando por fin los depositó en la basura, parecía que todos se paralizaban o quedaban inmóviles sin darse cuenta, pero menos él y alguien más.

-¿Qué sucede?-se dijo espantado y mirando a su alrededor notaba que nadie se movía.

-Eres Syraren-comenzó a decir alguien de aspecto misterioso-...el guerrero del fuego, y por eso vendrás conmigo!-.

-¿Yo?, un guerrero?. Yo no sé lo que me dices-.

Aquella persona que estaba frente a él, cubierta de pies a cabeza, desapareció y apareció de nuevo a su izquierda y encima de una persona de las tantas paralizadas. Ante el asombro, el muchacho retrocedió cada vez más y a perderse entre el bosque de personas que había mientras que la misteriosa chica aparecía y desaparecía en donde le parecía.

-No puedes esconderte!-.

-Oh, por favor que esto sea un sueño!-decía el chico mientras corría lo más que podía.

De repente, sintió algo que lo abrazaba por detrás y lo último que pasó fue que tanto como la chica misteriosa y como el chico, desaparecieron y todos comenzaron a recobrar movimiento.

-¿Y tu hermano?-dijo la madre a su hijo.

-No sé-.

-¡Bryan!-gritó la señora desesperada. Su hijo había desaparecido sin ningún rastro.

-Kate!!-gritó Victoria desde la puerta.

-¿Qué sucede?-preguntó Kate y fue hacia ella.

Cuando llegó a la puerta vio a alguien más: Un hombre alto y vestía todo de negro, y con lentes oscuros.

-Me dice ese señor que vino a buscar a alguien y me dijo que a ti, pero no creo que sea uno de tus amigos de la escuela, ¿verdad?-dijo Victoria dudando que pueda ser algún amigo de Kate.

A Kate le entró un sentimiento tremendo de miedo hacia el sujeto extraño y con cuidado sin que se enterara Victoria, la condujo a su cuarto(de Kate) y cerró la puerta de la entrada principal con seguro aún cuando el visitante seguía ahí.

Pero antes de subir, vio que el extraño sujeto se iba cubriendo de metal rápidamente y no mostraba señales de dolor, al contrario, él mismo lo había hecho a propósito.

-Vamos Victoria-dijo a su hermanita viendo que ella seguía en las escaleras.

Al llegar a su habitación, rápidamente cerró con cerrojo y pensando que estarían seguras ahí tomó el teléfono, y para el asombro de ella, estaba muerto.

¿Qué?...no, no puede ser-dijo muy desesperada.

¿Qué pasa, hermana?-preguntó Victoria algo asustada.

-Nada, no pasa nada-.

-El poder del fuego está atrapado...-dijo una vocecita temblorosa y con miedo que provenía del armario de Kate.

Cuando Victoria abrió, notó que era su amiga mágica: ¡Linda!, ¿qué pasa?-.

Kate se asombró mucho, ¡podía ver a la amiga de Victoria, y era en realidad una hada!, era increíble. Miraba cómo movía sus alas: ella estaba sentada y sus alas se movían extraño, primero se movían como las de un colibrí y repentinamente se quedaban paradas en seco y así pasaba cada cinco segundos.

-¿Estas asustada?-preguntó triste Victoria a aquella hada que era de su estatura y tenía un vestido, un pañuelo en su cabeza y unos zapatos o botas extraños.

Kate tuvo la impresión de que el sujeto había entrado a la casa sin ningún problema y que se encontraba subiendo las escaleras.

-¿Qué haremos?-dijo desesperada Kate.

La hadita se paró y tratando de perder el miedo dijo: Poder de enqanaida...-.

En ese momento el sujeto entra a su habitación.

-Eraida...por fin te encuentro-dijo al fin el señor a Kate.

Linda lanza un relámpago contra él para ganar tiempo, y es lanzado hacia afuera de la habitación y aprovechando esto, Linda toma a Kate de la mano y abre  una puerta frente a la cama de ella y en vez de ver un simple lugar para guardar cosas: Ven un mundo mágico y bello desde aquella vista. Linda se lanza, llevándose a Kate, mientras ella gritaba, consigo y dejando sola a Victoria mientras el sujeto las persigue.

-Vaya, al fin salgo de la escuela, pero ahora a hacer tarea...OH!, pero es viernes mañana la haré.-decía una muchacha que apenas salía de su escuela y cruzaba un parque.

Se dirigía a su casa y con emoción de tirar la mochila y dejar a un lado todo asunto de escuela.

Fue directo a su casa, e hizo lo pensado. Lo más extraño que haya pasado en ese momento fue que, al momento de cerrar la puerta, alguien haya llamado. Ella no había visto a nadie que le siguiera, y si fuera así, entonces le hubiera llamado y no hasta esperar que se cerrara la puerta. Al abrir la puerta, descubrió que era una persona extraña: cabello verde claro con un gran copete en forma triangular un poco ondulado ligeramente hacia adentro, dos mechones cubriéndole sus orejas que eran puntiagudas, y dividido a la mitad y sujeto por una especie de coletas o prendedores rojos, la mitad de su rostro cubierto por un trozo de tela, y su traje color blanco con mangas que cubrían sus brazos y el cual al llegar a la cintura se partía en dos, descubriendo un pequeño short pegado y botas idénticas a las de la hada antes mencionada y con colores combinables a su vestuario.

-Viathlimda...- fue lo que dijo aquel ser mágico mentalmente.

Ella retrocedió cinco pasos y cayó. Increíblemente ella no podía levantarse, sentía una fuerza sobrenatural que la mantenía así, era aquella persona extraña quien la controlaba!. Avanzó tres pasos y cuando se detuvo, del suelo sale un espíritu femenino: cabello largo hasta la cintura y del mismo color, vestido largo y blanco y unas alas  hechas de hojas(de plantas). Aquella espíritu cubrió con sus alas a la chica y ella como arte de magia se duerme.

-No puede ser...otra vez tarde y no llega aún-se lamentaba una chica de cabello negro azabache y amarrado como cola de caballo, ojos azul zafiro, ojos rasgados y ropa formal-. No sé cómo es que soporto hasta posiblemente la noche a que termine de hacer el aseo...-.

Ella esperaba a su amiga que le tocaba el aseo de tarde. Sin exagerar podría ser que hace media hora estaba allí en la esquina y lista a irse.

-Y lo peor...el perro de la vecina no me deja en paz ¬_¬ -.

Tenía razón, el perro de la señora que vivía a lado de su escuela no la dejaba en paz: Primero, dejaba su mochila recostada en la pared  para descansar un rato los hombros pero el perro llegaba y hacía que Yuriko levantara de nuevo su mochila mientras que él se recostaba y tiempo después se quitaba de ahí. Segundo, ella después de esperar de pie se fue a sentar en un bloque lo suficientemente grande como para que ella ocupara, sentada, la mitad...pero su rival llega y se pone en la otra mitad haciendo que ella se levante y se alejara en cuanto a él: se acostaba un momento y se bajaba de nuevo...Frustrante para ella y más cuando llevas media hora esperando.

-¡Yuriko!-.

-“Por fin llegó!”. ¡Hola, Cassie!. Terminaste muy pronto-.

-Ay, ¿en serio?. Sentí que ya estaba tardando-.

-No, y no me dejaste platicar con mi amigo-señaló al perro-.

-Pues será en otra ocasión, porque ya nos vamos-.

-Bien, hasta luego perrito-agitaba la mano derecha en señal de despedida- “hasta nunca ¬¬”.

Fueron camino a su casa y en un parque sus caminos se dividían.

-Bien, ya mi camino se separa del tuyo, nos vemos el lunes-dijo Cassie y fue corriendo.

-Ahora yo estoy sola...pero quizá me de un paseo por este parque-.

Paseaba y miraba cada cosa del parque tan lindo que habían construido apenas. Los árboles dejaban caer sus flores y eso dejaba al parque con un camino cubierto de flores y pétalos desprendidos, y para los enamorados sería muy romántico.

Llegó hasta un pequeño estanque de agua y se detuvo por un instante a contemplarlo. Era hermoso, el agua clara y el ambiente perfecto. Yuriko no podía explicarse porqué le atraía mucho el agua, la veía tan hermosa que no podía quitar la mirada de ella y ni irse de ahí.

-Yo sé por qué te atrae el agua...-dijo un ser como los anteriores.

-¿Qué?-viró la vista y se sorprendió de verla. Parecía ser amable pero sus ojos reflejaban otra cosa.

-Bien, eres Enoeda. La guerrera del agua, y esa es mi causa por la que estoy aquí.-.

-¿Una guerrera?...-pensó que le estaría haciendo una broma-.

-Seguro piensas que te ayudaré, pero tú eres la que me ayudarás...-miró un momento su mano y miró de nuevo a Yuriko-.Marchándote de este mundo.

Repentinamente esa supuesta persona amable se dirigió bruscamente hacia Yuriko, y ella sólo podía retroceder.

Sin darse cuenta, tropezó y cayó al estanque.



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