Mandos era uno de los Valar, concebido en el pensamiento de Ilúvatar como "hermano" de Lórien (Irmo) y de Nienna, además de "esposo" de Vairë. Formó parte del grupo de los ocho Aratar y, junto con Lórien, es uno de los Fëanturi ("Amos de los Espíritus"). Aunque su verdadero nombre es Námo (que en Quenya significaría "El que Ordena", "Juez") también es conocido con otros nombres: el Juez de los Valar, el Inamovible, el Justo, el Sabio, el Juez y también como Boca de Manwë. Reside habitualmente junto con Vairë en lo que se conoce como las Estancias de Mandos, en la zona oeste de Valinor.
Mandos era el guardián de las Casas de los Muertos, convocando a los espíritus de los que sufren una muerte violenta a sus estancias. Según se cuenta, este Vala recuerda todos los hechos pasados e incluso conoce aquellos que están por venir, excepto los que dependen única y directamente de Ilúvatar. Como Juez de los Valar, tiene una gran autoridad y sus órdenes y juicios deben cumplirse, aunque sólo condena y enjuicia por orden directa de Manwë, el Rey de Arda.
En el año 1490 de la Edad de los Árboles, Mandos, por orden de Manwë, fue el responsable de juzgar y condenar a Fëanor a abandonar Tirion durante doce años, debido al enfrentamiento con su medio hermano Fingolfin y por haber hablado en contra de los Valar, a causa de los engaños de Melkor.
Después de la Primera Matanza de Hermanos, fue Mandos quien se dirigió a los Noldor Exiliados liderados por Fëanor, desde lo alto de una roca, pronunciando lo que después se conocería como la Maldición de Mandos (la Profecía del Norte y el Hado de los Noldor). Sus palabras proféticas condenaban a los Exiliados por los asesinatos de sus hermanos en la Matanza de Alqualondë,y con ellas, también se predijo lo que luego se conocería como Nurtalë Valinóreva, el Ocultamiento de Valinor, mediante el cual se cerraba el camino de regreso a todos los Noldor que siguieron a Fëanor, a quienes se prohibió el regreso a Valinor.
En el año 467 de la Primera Edad y tras la muerte de Beren, Lúthien abandonó su cuerpo y al llegar a las Estancias de Mandos se arrodilló ante el Vala, a quien le cantó la canción más bella y triste de cuantas se han compuesto. Fue así como Lúthien logró conmover a Mandos, pero como éste no tenía el poder de retener el espíritu de los hombres en los confines de Arda, ni podía cambiar el destino de los Hijos de Ilúvatar, con la ayuda de Manwë consultó a Ilúvatar. De esta manera, pudo ofrecer la posibilidad de elegir la mortalidad a Lúthien, para que pudiera vivir por un tiempo con Beren (a quien se le devolvió la vida) y de este modo compartir el mismo destino una vez que les llegara la hora de su muerte definitiva.
Mandos también era el encargado de juzgar a los Elfos que tras la muerte acudían voluntariamente a sus Estancias. En función de la gravedad de las acciones cometidas en la vida de cada uno de ellos, podían ser condenados a permanecer descarnados durante un periodo de tiempo, pasado el cual les ofrecía la posibilidad de volver a reencarnarse con la intervención de Manwë, que era el responsable de restaurar sus cuerpos.
La segunda Profecía de Mandos, posiblemente mucho menos conocida, es lo que se conoce como Dagor Dagorath, o Última Batalla, referida a lo que habrá de suceder cuando llegue el Fin del Mundo y Melkor sea derrotado definitivamente. Entonces se dará paso a la Arda Curada (o Arda Rehecha) en la cual se cumplirán los designios de Ilúvatar.
|