Egidio, el granjero de Ham

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Título: Egidio, El granjero de Ham
Autor: J.R.R. Tolkien
Editorial: Minotauro
Año de publicación: 1999


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(Título original: Farmer Giles of Ham, George Allen and Unwin, Londres, 1949.)
Egidio el granjero de Ham no tenia el aspecto de un héroe. Era gordo y de barba roja y disfrutaba de una vida lenta y confortable. De pronto un dia un gigante bastante sordo y corto de vista, entró por error en las tierras de Egidio. Más por suerte que por habilidad, el granjero logró asustarlo y echarlo. La gente de la aldea lo vitoreó: Egidio el granjero era un héroe.
La reputación de Egidio se extendió a lo largo y a lo ancho de todo el reino. Por tanto era natural que cuando el dragón Chrysophylax visitó la comarca todos pensaran que Egidio el granjero era el único que podía combatir con el dragón.


96 páginas
ISBN: 84 450 7196-3
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Traducción de Julio César Santoyo y José M. Santamaría
Ilustrado por Roger Garland



DETALLES SOBRE LA PUBLICACIÓN DE EGIDIO, EL GRANJERO DE HAM

Tras la publicación y el éxito de El Hobbit, los editores de Tolkien le animaron a hacer una secuela. En 1937 Tolkien envió material variado a Allen & Unwin, y entre aquellos trabajos ya se encontraba la primera versión de Egidio, El granjero de Ham. Parece ser que fue el preceptor de inglés del Worcester College (el coronel C.H.Wilkinson) quien animó e inspiró a Tolkien a escribir la historia. Era una versión bastante breve, pero gustó a los editores, quienes apremiaron a Tolkien para que escribiese otras con la intención de poder hacer un libro lo suficientemente extenso. No obstante, por supuesto, no lo encontraron apropiado para ser la continuación de El Hobbit.
Durante enero de 1938, Tolkien trabajó en Egidio, el granjero de Ham hasta lograr aumentar su extensión en un 50%. Decidió probar suerte leyéndolo ante la Lovelace Society (sociedad del Worcester College, Oxford) en lugar de su ensayo Sobre los Cuentos de Hadas. La larga audición fue un éxito (lo que probablemente contribuyó a aumentar el interés de los editores), pero lo cierto es que la guerra retrasó todo mucho: fue a mediados de 1946 cuando Allen & Unwin confirmaron su interés en el cuento, y en torno a julio de 1947 decidieron publicarlo tras una amplia revisión que les envió Tolkien el 5 de julio.
Se decidió que la encargada de las ilustraciones fuese la dibujante Milein Cosman. Ésta tardó mucho en entregar a Tolkien algunos de sus dibujos, y cuando lo hizo le desagradaron profundamente y expresó su queja a los editores. Éstos decidieron prescindir de Milein Cosman, y contrataron a Pauline Baynes. El 15 de marzo de 1949 Tolkien pudo ver los dibujos que le había mandado la artista: su sincera aprobación evitó mayores retrasos, y Egidio, el granjero de Ham pudo ser publicado poco después, en otoño de 1949.
La primera edición tirada por Allen & Unwin, pese a que no llegó a ser un fracaso, tuvo unas ventas bastante discretas, y de 5000 ejemplares puestos a la venta, en marzo de 1950 sólo se habían vendido 2000. Esto desilusionó un poco a Tolkien, quien además en aquel momento se encontraba con problemas para poder sacar a la venta El Señor de los Anillos por cuestiones de tamaño.


SOBRE EGIDIO, EL GRANJERO DE HAM

En oposición a los demás libros de Tolkien, los lugares en que transcurre Egidio, el Granjero de Ham están localizados en sitios reales y concretos: por ejemplo, en Oxfordshire (Garn se encuentra por primera vez a Crisófilax cerca de Rollrigth), Bucks (Buckingham) y un poco del Sur de Gales. En general se puede decir que la acción transcurre principalmente en el valle del Támesis. La Capital estaba al sudeste, y no superaba Ontmoor por el norte ni el Támesis para arriba por el oeste.
En lo que respecta a la época, la historia que narra Egidio, el granjero de Ham sucede después de los tiempos del Rey Coel y antes de Arturo y la Heptarquía inglesa (Siglo V).

Este cuento es una de las obras de Tolkien de apariencia más sencilla, y, sin duda, de estilo más ameno. Pero su tono despreocupado y en ocasiones humorístico suele llevar a la creencia errónea de que es un libro destinado exclusivamente para los niños, algo en absoluto cierto, ya que si bien un niño puede leer Rebelión en la granja y creer que lo ha comprendido (sin haber llegado, en casi todos los casos, más que a su contenido superfluo), tampoco llegaría a comprender el significado intrínseco de Egidio, el granjero de Ham.

Como en casi toda la obra de Tolkien, uno de los principales trasfondos del libro es la elevación de la gente supuestamente "pequeña", corriente y vulgar. Está claro que Egidio no es ni mucho menos un héroe: desde su comienzo (granjero), le suceden una serie de hechos fortuitos que, además de beneficiarle, aumentan en cierto modo su autoconfianza. Así, si al principio todo lo que le sucede es producto de la suerte, después va tomando conciencia de sus propias posibilidades (él mismo va ayudando a su propia suerte), y al final él es quien lleva el control de todo lo que le ocurre: de ese modo, partiendo de su humilde condición, consigue llegar a ser Rey.
Pero no sólo llega a ese estatus, sino que sus ciudadanos le quieren mucho más que al verdadero Rey, Alfonsus Bonifacius (nombre ridículo elegido con toda la intención); y esto se debe simplemente a que tanto ese Rey como sus caballeros no hacen lo que deben sino que son una degeneración, una caricatura del ideal de su posición. Pero hay que aclarar que Tolkien no despreciaba a la nobleza cuando escribió el cuento, sino que estaba en contra de que cada uno no haga (según su posición) lo que se supone que debe hacer. Así, Tolkien critica a toda aquella nobleza que abusó durante tanto tiempo de su poder en perjuicio de la gran mayoría de la población.

Todo esto, por ejemplo, se pone en evidencia cuando el Rey y sus caballeros hacen todo lo posible por no entrar en combate con el dragón mientras la población lo pide (y lo necesita) a gritos. Esa tardanza es la que provoca que al final sea Egidio quien vaya a enfrentarse al dragón y se desencadene posteriormente la independencia del Pequeño Reino. Hay que considerar que si Augustus hubiese cumplido su deber (acabar lo antes posible con el dragón), nada de eso habría ocurrido, y su poder, en última instancia, nunca se habría visto reducido.
Por tanto, se puede sacar una moraleja al libro: "Seas quien seas, si haces lo que tienes que hacer y de la forma que debes, las cosas te irán bien: si no lo haces, seas quien seas, las cosas te irán mal".
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