Relatos de Anderian: Viaje de un heredero

17 de Octubre de 2012, a las 11:28 - Órewen
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9. Recuerdos de un cuento para dormir

 

Ya habían dejado atrás los límites de Aritrel y ahora se encontraban en una planicie extensa que llegaba hasta las faldas mismas de las montañas, continuaban conversando centradamente en la raza a la que pertenecía el príncipe Ossmeth; sin embargo en lo que se daba esta plática, Marduk estaba apartado y parecía no interesarle el tema tanto como a Argoreph.


El príncipe Dulanthir también se fue separando hasta llegar donde Marduk estaba, éste se dio cuenta de su presencia lo cual lo sacó de sus pensamientos.


-Llegó a tiempo, lograron ayudarlo con ese terrible hechizo-dijo el príncipe Dulanthir con una amable sonrisa, tratando de adivinar los pensamientos de Marduk-Hicieron bien, fue un acto muy noble y lo admiro bastante. Y yo estuve a punto de interrumpirlo-su sonrisa se esfumó, recordando su tan equivocada actitud frente aquella situación.


-Seguía órdenes, eso fue todo-intentó explicar Marduk.


-Sólo eran palabras vacías, palabras que casi le costaban la vida. Me estaba volviendo un seguidor de esas palabras. Esa noche al igual que él, fui salvado-.


-Pero fueron palabras dichas por su padre, el rey-.


-Así es, él se encuentra en una situación muy difícil-y entonces no dijo más, un silencio entre ellos se produjo tornándose en un ambiente incómodo.


En eso volvieron a integrarse a Ossmeth y Argoreph, quienes aún seguían con su conversación o mejor dicho entrevista puesto que Argoreph estaba repleto de preguntas ansiosas de respuestas.


-En los libros hay sólo vagas ideas sobre sus habilidades, sólo mencionan que se debe tener respeto a lo que pueden llegar a hacer-.


-Me parece sorprendente que no lo mencionen como se debe-dijo extrañado- Nuestras miradas son temidas porque los demás sienten que quedan expuestos, nosotros podemos llegar a aprovechar ese momento para indagar en sus miedos más recónditos y con ello tomar el control de su voluntad. Así ganamos más poder y nuestras habilidades se extienden-.


-Pero no se preocupen, ¿verdad Ossmeth?-se apresuró a decir Dulanthir al ver los rostros de Argoreph y Marduk, después de la breve explicación del príncipe de Nacelthora.


-Oh cierto, estén tranquilos. Yo no me aprovecho de mis habilidades- explicó con calma Ossmeth, a lo que Argoreph y Marduk pudieron respirar aliviados.


Continuaron su recorrido rumbo a Balfilias, el amanecer ya estaba avanzado y sus energías decaían cada vez más. Hasta el pequeño Finrach empezaba a notársele cansancio, su comportamiento ya no era tan enérgico como tiempo atrás y su cola ya no la movía tan animosamente, incluso casi la llevaba arrastrando.

Llegaron hasta donde la planicie se fusionaba con la hilera montañosa, a primera vista no había camino qué seguir delante de ellos, Marduk pensaba que tendrían que escalar o rodear pero Argoreph buscaba en sus memorias esta parte del camino, sin embargo sólo tenía vagas imágenes de lo que fue su viaje a Balfilias, ninguna comparada a la que sus ojos veían con tanta extrañeza.


-¿Rodearemos?-preguntó Marduk, ocultando su indisposición a hacer tal acción.


-En absoluto-dijo el príncipe Dulanthir adelantándose hasta llegar a un pequeño grupo de árboles, los demás le siguieron y en donde estaba la pared rocosa había una grieta, tan pequeña que no la habían notado antes, pero a la vez tan grande para que lograran entrar sin problemas.


Bajaron de los caballos y los condujeron hacia la grieta, el príncipe Dulanthir entró primero siguiendo de cerca a Finrach que con esfuerzo mantenía una pequeña flama en su cola, después estaban Marduk y Argoreph y al final el príncipe Ossmeth. Iban a paso lento pues era un lugar muy oscuro además que el camino era de cuidado, pues había piedras que podrían hacer resbalar con un simple roce, y la pequeña luz otorgada por Finrach era insuficiente.


-Permítanme ayudar un poco-dijo Marduk, a tientas buscó el pequeño saco en donde se encontraba guardado aquél fragmento de estrella, lo puso en su mano ya cubierta por el guante y a su voluntad empezó a brillar, alumbrando una vez más con la blanca luz producida.


-No te lo había dicho antes, tienes una peculiar habilidad-admitió el príncipe Ossmeth-De hecho no había visto un Opari antes.


-Ni yo he podido ver uno-dijo Dulanthir y agregó -Aún con mis numerosos viajes-.


-Y yo que pensaba que sólo en Veleryon eran algo poco común-dijo Argoreph sorprendido por las declaraciones de los príncipes.


-¿Seré el único?-preguntó Marduk, la idea de ser único lo abrumaba.


-Ten por seguro que son escasas las posibilidades de encontrar alguien más como tú, no se ha visto un Opari desde hace mucho tiempo-explicó Ossmeth.


-Bueno ¿quién puede asegurarlo?, probablemente son iguales a ti y prefieren no estar gritando qué son-dijo Argoreph, animando un poco a Marduk.


-En eso tienes razón, tal vez haya visto alguno y no me di cuenta-dijo Dulanthir pensando en la posibilidad.


-Prefiero eso a ser el único-dijo Marduk-.


Caminaron por más tiempo y sus pasos se estaban tornando forzados, pues sus energías estaban en lo más mínimo; sin embargo el príncipe Dulanthir vio una luz distinta a la que Marduk proporcionaba, ésta se encontraba más adelante y dibujaba perfectamente la salida de la grieta.


-¿Pueden ver la luz? Ya estamos por llegar-dijo el príncipe Dulanthir señalando hacia delante.


Tanto Marduk como Argoreph se alegraron al ver la salida, por fin podrían descansar de su largo recorrido, su ánimo influyó en su caminar y apresuraron el paso. Al llegar a la salida, sus ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la luz del sol pero después admiraron el paisaje puesto frente a ellos. Por un momento olvidaron su agotamiento, en mayor medida fue con Marduk quien estaba maravillado con una sonrisa de oreja a oreja.


-¿Estamos en Balfilias?-preguntó sonriente.


-Así es, bienvenidos al reino de los Meheri-dijo el príncipe Dulanthir.


Entonces sin pensarlo mucho dejó a cargo su caballo a Argoreph, caminó a paso veloz casi corriendo por el camino de tierra el cual tenía una suave pendiente ascendente, al llegar al final de la pendiente pudo observar los dos ríos que recorrían el valle.


-Ese debe ser Naequil, y aquél el más lejano debe ser Haephel -se dijo a sí mismo, reconociendo los ríos de los que alguna vez había escuchado-Es tal cual lo imaginé, no eso no es verdad, ¡es mejor de lo que había imaginado!-después dio vuelta a la derecha, ahí el camino continuaba en un gran tramo pues cruzaba por todo el reino, sin embargo eso no fue impedimento pues admiraba cada detalle del lugar como si fueran recuerdos que volvían.


Después de haber cruzado todo el reino a través de ese camino se detuvo hasta llegar a unas escaleras, junto a ellas un hilo de agua caía desde lo alto de la pared rocosa, en su recorrido hacía pequeños estanques de agua que con el sonido de su caída tranquilizaba los corazones de todo aquél que pasara por ahí, este hilo seguía su camino atravesando el campo y uniéndose al Naequil. Subió aquellas escaleras que tenían por pasamanos las raíces de dos árboles plantados en el último escalón, al terminar de subir se encontró en una gran extensión plana y verdosa. A la derecha podía ver un pequeño bosque y en él un depósito de agua cristalina, pero frente a él estaba el reino de Balfilias, siete colinas una más grande que la otra unidas por un camino de tierra.


-Es como en las historias que me contaba-dijo Marduk admirando las siete elevaciones con los ojos bien abiertos y humedecidos por la emoción. Y así estuvo por un tiempo, anonadado al ver que las historias que tanto le encantaba escuchar cobraran vida frente a sus ojos.


-Pensé que no tenías energías para seguir, pero me equivoqué- era la voz de Argoreph, quien apenas llegaba junto con los príncipes, los caballos y Finrach. Se acercó hasta él con el rostro desconcertado-¿Marduk, estás bien? Pareces una estatua-.


-Es sólo que me maravilla ver cómo las historias que me contaban de pequeño, cobran vida frente a mis ojos-explicó Marduk sin apartar su vista del paisaje.


-¿Cómo escuchaste historias de Balfilias? En Veleryon no saben siquiera dónde está-apuntó Argoreph confundido por lo que le decía.


-A menos que quien te haya contado esas historias sea de aquí-dijo el príncipe Dulanthir, igualmente desconcertado.


-Mi padre nació aquí, cuando era pequeño él solía contarme sobre lo maravilloso que es este lugar. Era como cuentos para dormir-.


-Creo que esto le podría interesar mucho al rey Ellfhrinel-comentó el príncipe Ossmeth-Acabo de recordar que ellos tienen en su biblioteca de Ker Mirren los únicos escritos acerca de los Opari, talvez ellos te puedan responder las dudas que tengas-.


-No sé el camino a Ker Mirren-dijo Marduk.


-No es necesario, los reyes están aquí. Hablaré con el rey para que puedas conversar con él-.


-Significaría mucho para mí, muchas gracias-agradeció Marduk aún con la sonrisa de oreja a oreja.


-Y yo agradecería poder llegar a descansar-agregó Argoreph.


-Me parece que tendrá que caminar un poco más antes de poder descansar-dijo el príncipe Dulanthir viendo las siete colinas, a lo que Argoreph también vio el recorrido por hacer.


-Creo que subiré a caballo-y acto seguido subió como pudo a uno de los dos caballos que llevaba.


-No será el único-rió el príncipe Ossmeth, quien también subió a su caballo seguido por el príncipe Dulanthir. Esperaron a Marduk, quien también subió al caballo y juntos emprendieron de nuevo el camino ahora a la cima de la colina más alta.



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